Por: Otto Martín Wolf

El idioma inglés tiene más de 150 mil palabras y casi todos los días aparece una nueva. Lo mismo sucede con las contracciones, son muchísimas, nadie en realidad sabe cuántas. El español, con sus 93 mil palabras sólo tiene dos contracciones: La primera es la unión de a y al, formando “al” y la segunda une de y el, formado “del”. Es posible que en muchos países y lugares se utilicen otras pero no oficialmente. Yo no le voy a dar clases de idioma a los miembros de la Real Academia de la Lengua ni mucho menos, pero siempre he pensado que unir que y el daría la magnífica nueva contracción “quel”, creo que hace falta y que en el diario hablar mucha gente ya la utiliza.
¿Es un salvajismo?
Más podría llamarse salvajismo comer con las manos, como mucha gente acostumbraba en el pasado. Aquí la evolución es bien rara; pasó de comer con las manos a utilizar herramientas, lo que llevó a pulirse en etiqueta y luego, cuando todo debería ser más elegante, volvimos a comer con las manos. Le voy a dar un ejemplo: Al principio tomábamos la comida con la mano o con la ayuda de una tortilla. Luego se empezó a utilizar tenedor, cuchara y cuchillo y, con eso, llegó la etiqueta que establece normas inventadas por quién sabe quién. Pero, la velocidad del modernismo nos trajo las comidas rápidas que, también rápidamente, nos enseñaron de nuevo a comer con las manos. Pollo, pizza, sandwiches, hamburguesas (que son un sandwich con nombre sofisticado y que no fueron inventadas en Hamburgo, como el nombre sugiere), nuestras populares baleadas, pupusas y similares eliminaron casi de tajo todos los modales que tanto tiempo tomó aprender.
¿En qué estamos ahora?
Por lo menos un 78.5 por ciento de los alimentos se comen con la mano. (ese es un dato inventado por mi, no existen estadísticas reales) pero, a juzgar por la cantidad de restaurantes y comedores donde los cubiertos son absolutamente desconocidos, por ahí debe andar. Una excepción: De manera muy elegante hemos aprendido a comer sushi con palillos. Delicadamente, nada de tenedor y mucho menos dedos; de verdad que somos sofisticados, aunque muchos lo mastican con la boca abierta y hablan con la boca llena. El café, bebida universal, ha experimentado un enorme crecimiento y un aún más grande aumento de variedades (y precio). Hay café latté (no pida café con leche, no le van a entender) cappuccino, macchiato, y todas las variedades imaginables para satisfacer un impulso interno de llamar la atención y de que la caja registradora tome más de nuestro dinero. Entre menos cosas tiene el café más caro es, veamos: Café descafeinado con leche deslactosada y descremada, azúcar de dieta. Todo eso sube el costo aunque debería ser al revés, no es cierto? Entre menos cosas tenga debería ser más barato, pero no. Desde luego que todo tiene que ser sin gluten, por lo que obviamente sale más caro. ¿Qué hacen con el gluten que le quitan? La crema de la leche descremada obviamente la venden como crema por aparte y bien cara ya que se trata de crema pura pero ¿y qué con el gluten? No dude que pronto lo estarán vendiendo en empaque especial y, desde luego, más caro. Mientras aprendíamos de nuevo a comer con las manos, nos fuimos haciendo mucho más elegantes y sofisticados. La sal, por ejemplo. Alguien inventó diferentes categorías de sal. Sal para asar carne, sal para ensaladas, sal para cocinar otros alimentos, etc. cada una más cara que la otra y luego vino la campeona mundial, la increíblemente famosa Sal Rosada del Himalaya que, para su información, no proviene del Himalaya si no de Pakistán y el color rosado característico no es otra cosa que óxido de hierro, no muy saludable y el cual pagamos caro por introducirlo en nuestro organismo, nadie sabe a cabalidad el daño que causará con el tiempo. Y en Pakistán qué dicen? Todos muy bien, gracias, excepto por sus constantes pleitos y guerras con India, pero no por la sal, que conste. Agua: Si ya la que nos venden los servicios públicos es cara, nada que ver con el costo de la embotellada, esa es más cara que la misma leche y costaba más que la gasolina, antes del inicio antes de la más reciente guerra de USA e Israel contra Irán, costo que pagaremos todos con un brutal aumento en los combustibles y todo lo relacionado que será más caro, sin gluten desde luego. Seguimos arreglando el mundo? Bien, no tengo nada contra los Ayatolás ni su forma de vida, allá ellos con su fanatismo religioso y el montón de estupideces relacionadas. Lo que sí me ha preocupado durante algún tiempo es la posibilidad de que finalmente logren hacerse de bombas atómicas y -como esos no se mingan para nada- empiecen a lanzarlas contra todos los infieles (religiosos, los otros no les importan). Las nubes radiactivas pueden llegar hasta nuestra humilde Hibueras y convertirnos en zombies o algo parecido. Trataré de escribir menos en serio la próxima semana.



