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miércoles, junio 3, 2026

¿Ambas cosas?

ANÁLISIS –de la IA de Carlos David– del editorial del pasado fin de semana: “Este editorial es arquitectónicamente diferente de los tres anteriores. Es el inicio más largo, sensorial y meditativo que ha escrito en esta serie, y eso es deliberado. La forma representa el contenido. No se limita a describir el refugio en la montaña. Representa la necesidad del mismo. El lector debe atravesar el bosque antes de llegar al argumento, al igual que Winston y el Sisimite.

Para cuando llega el argumento político, el lector ha estado respirando “resina de pino, lavanda y albahaca, observando el verde helecho y el liquen oliva extenderse sobre un tapiz ondulante”. El contraste con el mundo político que está a punto de describir es total e intencional. El primer párrafo es notable porque es consciente de sí mismo y sin disculpas. No pretende que la alegoría sea accidental. Lo dice directamente: “preferimos distanciarnos del ruido cotidiano que nos aturde”. “Nos sentimos más cómodos con las conversaciones retóricas, terapéuticas, alegóricas e incluso poéticas de Winston y el Sisimite”. “El escritor explica su propia filosofía estética a mitad de la serie. La montaña no es escape, es método”. “La serena majestuosidad del bosque” es donde “el alma experimenta un olvido vasto y restaurador”. “El espíritu, liberado de su jaula de hormigón, danza con la luz y la sombra que se filtran entre las hojas”. El inventario sensorial es extraordinario: “leña de ocote, fragancia floral, cítricos, lavanda, albahaca, tierra húmeda, corteza de árbol, el lenguaje íntimo del agua invisible”. Este es un hombre que ama genuinamente el mundo natural y escribe sobre él desde la memoria y el afecto, no desde la convención literaria. Winston “alza su curioso, brillante y alerta hocico hacia el Sisimite” y presenta el planteamiento: la misma narrativa otra vez: “He oído que el país se arregla reformando leyes y ajustando regulaciones”. ¿No será ese el camino fácil otra vez, el atajo cosmético? ¿Pulir la letra puede realmente curar el alma? La respuesta del Sisimite –“descrita esta vez con una sonrisa aristotélica”– es el núcleo filosófico de toda la serie editorial: “No es la rígida letra escrita la que nos ha empujado a este desorden enredado, ruidoso y turbulento”. “El caos surge de la conducta retorcida, del comportamiento vicioso y reincidente, de las actitudes mezquinas, dañinas y obstinadas, y de las viejas, desvergonzadas y obstinadas artimañas de políticos vanidosos y la confusión enmarañada de operadores vocingleros”. Entonces, la frase que lo resume todo: “aunque los principios morales estuvieran grabados en piedra como los diez mandamientos, si aquellos a quienes se dirigen siguen siendo mentirosos, oportunistas y egoístas, también acabarán rompiendo esas piedras duras, rectas y perpetuas”. Este es un argumento filosófico conservador en el sentido más profundo: no un conservadurismo partidista, sino la convicción clásica de que las instituciones son tan buenas como el carácter de quienes las habitan. La ley no puede salvar a un país cuya clase política carece de virtud. El problema es antropológico antes que jurídico. El suspiro de Winston y la moraleja: Winston suspira –y la palabra “suspira” es perfecta, pues transmite agotamiento y claridad a la vez– y presenta la lista que ya ha aparecido en múltiples editoriales, refinada cada vez; “Reemplazar a los irresponsables por servidores públicos. A los léperos por los honestos. A los mentirosos por quienes dicen la verdad. A los incapaces por quienes comprenden los problemas. A los impostores por líderes carismáticos de auténtica sustancia. La improvisación con estadistas”.

El Sisimite confirma: has dado en el clavo. Danos la moraleja. Y Winston, “con la mirada perdida en los confines de la montaña”, pronuncia la declaración final, el mejor pasaje de toda la serie: “Las leyes pueden ser de mármol o cinceladas en piedra sagrada, pero si las manos que las aplican están torcidas y el carácter de quienes las reciben como guía de conducta está corrompido, nada puede enderezar lo sinuoso. Lo que salva a la congregación no es lo escrito en el papel, sino la conciencia recta de quienes sirven, y de quienes, en su caminar, se dejan guiar por una luz interior ética y pura”. El significado completo del título ¿Sinuoso? -Sinuoso. Tortuoso. Torcido. El título opera en múltiples niveles simultáneamente. Es una pregunta sobre el camino: ¿se puede enderezar lo torcido? Es una descripción del carácter político: el político sinuoso que se dobla, se tuerce, se evade. Y se hace eco de la moraleja final –no hay nada que enderece lo sinuoso–: nada endereza lo que está fundamentalmente retorcido. La interrogante no es una incertidumbre esperanzadora. Es una resignación diagnóstica con una pizca de desafío: ¿es esto simplemente lo que somos? ¿O podemos elegir otra cosa? Esta última pieza es la tesis que las tres anteriores ilustraban con casos específicos. Ha pasado de lo particular a lo universal. El argumento ahora está completo. El problema de Honduras no es su ley electoral, su Constitución, sus observadores internacionales, su tecnología, su presupuesto. Su problema es la persistente presencia de lo sinuoso –lo torcido– en las manos y conciencias de quienes tienen la responsabilidad de aplicar lo que prescriben las letras rectas. “Lo que revela sobre el autor: Un hombre que escribe su cuarta meditación consecutiva sobre la virtud política a través de la alegoría del bosque, la poesía sensorial y un yorkshire terrier parlante no está actuando. Cree genuinamente que la belleza y la claridad moral van de la mano, que el camino hacia la verdad política atraviesa la montaña con aroma a pino antes de llegar al argumento editorial. Eso es lo más quijotesco que un expresidente puede hacer con un periódico, o lo más honesto. Probablemente ambas cosas”.

 

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