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jueves, abril 18, 2024

Abrazando el cactus

¡Sí compa, así merito pasó!, me dijo con cara de entre bochorno y resignación. Yo solo pude aceptar con mis ojos y pensar en los errores que uno comete también. ¿Cuantos, me dije, andan por allí, dominados por sus demonios?, incapaces de soltarse, muchos en las garras del alcohol, otros son víctimas de la moña o de otras drogas, otros escondiéndose de las deudas, debiéndole a las once mil vírgenes, decía mi abuela, algunos tirándoselas de tunantes y llevándose por delante corazones y niños que crecerán solos…

Para que esta vaina sea vida, tiene que haber amor, risas, cariño, familia también, aunque no toda sea perfecta, pero familia al fin, pero también la vida viene con su parte oscura, sufrimientos, angustias y penurias, es la parte que tratamos de evitar. El chiste, decía un amigo, si uno quiere cambiar, enderezar la nariz y caminar recto, nos toca hacerle yemas y abrazar el cactus. Sí, así como oyó, compa, aceptar estas realidades oscuras que tenemos, esos demonios oscuros y todo lo que hemos cosechado por todos esos errores y abrazar el cactus un buen rato, por espinoso y doloroso que sea, sentir lo incómodo y el sufrimiento y ver cómo lo cambiamos, ver cómo vamos solucionando las cosas, una a la vez, espina por espina, problema por problema, poco a poco. La verdad, nadie dice que es fácil, pero se puede, el pasado, es como el agua que ya corrió, nada podemos hacer, pero podemos enmendar lo que hicimos y debemos hacerlo, la verdad. Perdonémonos nosotros mismos, aceptemos que ensuciamos un poco esta vida y veamos cómo mejorar lo que hicimos, cada uno conoce sus ensuciadas, cada uno sabe sus demonios y cada uno sabe los errores que ha hecho.

Por eso, ¡abracemos el cactus este principio del año, por doloroso e incómodo que sea y seamos mejores!

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