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Honduras
sábado, julio 18, 2026

¿A quién le importa?

Por Mirna Isabel Rivera

Honduras perdió cerca de 900 mil hectáreas de bosque en casi una década, prácticamente equivalente al tamaño total de Chipre, un país europeo de 9,251 km². Para ponerlo en contexto nacional, esto equivale a una superficie mayor que la suma territorial de los departamentos de Atlántida y Cortés.

Estos son los datos que presenta el informe “Estado de País 2026: Cambio climático, bosques y vida en riesgo”, elaborado por el Instituto de Justicia y la Asociación para una Sociedad más Justa (ASJ). Esta pérdida se registró entre el año 2013 y 2024.

Si Honduras sigue perdiendo bosque al ritmo actual, el país podría quedarse prácticamente sin cobertura forestal en unos 70 años. Esa es la proyección más alarmante del informe: si no cambia nada, de mantenerse esta tendencia para el año 2094 habríamos agotado todo el bosque que hoy nos queda.

Las personas mayores de 40 años que hoy leen esta columna no estaremos para ver el triste final de los bosques hondureños y vivir las consecuencias. Es alarmante están convirtiendo de manera intencionada el país en un desierto, qué terrible panorama para las futuras generaciones.

La mentalidad de supervivencia que se vive en el país no le permite comprender a la mayoría el terrible daño que se hace al medio ambiente. Cada vez que se corta un árbol y no se siembra otro estamos atentando contra la naturaleza, pero ¿a quién le importa?

Debería ser de interés de todos los que tienen hijos e hijas, porque su propia especie está en peligro. La destrucción de los bosques no significa solo “menos árboles” o pérdida de bellos paisajes, esto es más grave, es la pérdida de la vida misma. En términos prácticos tendremos menos agua, más calor, más sequías, menos alimentos y ciudades vulnerables a inundaciones y otros tipos de desastres.

¿A quién le importa? Obviamente a los que practican la ganadería extensiva, para luego convertir en potreros los bosques, no. A los que que talan y trafican con madera, empresarios que han hecho forturna, pues no. A los que queman los bosques para luego invadir, tampoco les importa. Es toda una red, con el mayor cómplice, la debilidad institucional y la corrupción de los funcionarios públicos, que deben velar por los recursos naturales.

Por muy desagradable que suene para los que normalizan la delicuencia y la corrupción en nuestro país, el daño que provocan los criminales del bosque es más profundo y a largo plazo que el crimen organizado que opera en ciudades como San Pedro Sula y Tegucigalpa. Uno vacía ríos, seca fuentes de agua que sostiene la vida de todos los seres vivientes. El otro controla terrritorios, siembra el caos en la comunidad y destruyen familias.

Los criminales del bosque actúan bajo el manto de la impunidad, nadie los puede denunciar y cuando alguien lo hace queda impune el delito y la vida del denunciante corre peligro. El crimen forestal no tiene visibilidad en los medios de comunicación, estos trabajan de manera silenciosa y hasta con permisos, su impacto es lento, pero letal.

La tendencia de la destrucción de los bosques es clara pero ¿a quién le importa?

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