“YA ve –mensaje del poeta del colectivo quién sugiere publicar los versos de los editoriales en un poemario– su público lo aclama”. “Además, en su biografía se agregará la hermosa palabra de poeta”. (Winston le responde: Es que la poesía, como tengo pensado referir en un editorial en camino, son palabras mayores”).
“Es verdad –asiente– y es algo que se cocina a fuego lento”. «La técnica es la prueba de la sinceridad”. “Si algo no merece el aprendizaje de una técnica para decirlo, es de valor inferior. Hay que considerarlo un simple ejercicio”. (Ezra Pound).
Otra lectora: “Dentro de las obras representativas de la literatura hondureña, recuerdo Blanca Olmedo de la recordada escritora Lucila Gamero de Medina, publicado en 1908. Lo leí 3 veces”.
El madrugador amigo: “Gracias por enviarme los acertados editoriales cada día aprendo algo nuevo”.
La doctora amiga: “Gracias por compartir su editorial, últimamente lleno de redondillas y décimas que combinan estratégicamente los acontecimientos políticos del momento del ámbito nacional”.
Una asidua lectora: ¿De cuáles rimas, me las perdería, habla su amiga, que no es madrugadora, pero al rato manda acuse de recibo de buen humor?
El amigo lector sampedrano: “Es una situación muy singular que un terruño tan pequeño como Centroamérica, (alargada pero delgada) no haya podido integrarse”. “Hasta el acento es diferente en cada país”.
“Europa, tan diversa, logró finalmente la UE”. “¿Cuáles son esos versos?” –pregunta uno que otro del colectivo que hizo turismo interno e internacional, reclamando que esos días no leyeron y se los perdieron– alusivos a la prosa del editorial, de inicio de semana, sobre la desidia cívica durante el monumental feriado que, por desdicha de los perezosos, ya acabó.
Winston, complaciente con los lectores, saca su libreta de apuntes con las décimas del Sisimite y las suyas: “Vino el día del asueto/ evocando la memoria/ del prócer, su épica historia,/ y la herencia de su reto./ Más ahora ni en respeto/ a su legado bravío,/ a su heroico desafío,/ ni recuerdo ni enseñanza,/ sino a la vida de holganza;/ olvido de escalofrío./ Ayer, culto a su campaña,/ acto cívico y bandera,/ se guardaba la manera/ de rendir honra a la hazaña./
Hoy la moda se acompaña/ del turismo; ¡qué feriado!,/ y el recuerdo postergado/ de quien diera patria entera,/ queda como cosa cualquiera,/ tristemente enneblinado./ Yace el prócer olvidado/ bajo asoleadas de playa,/ sin memoria de su batalla/ ya lo pasado, pasado./
El civismo se ha apagado,/ sus proezas sin arenga,/ y en el asueto se venga/ la rutina indiferente:/ se celebra solamente/ la parranda que entretenga”. “Juntaron con ligereza/ tantas conmemoraciones,/ toditas son ocasiones/ para el ocio y la pereza./
De heroica naturaleza/ ya no queda inspiración,/ pues la magna consagración/ que debiera ser escuela,/ se convierte en pasarela/ de turismo y diversión./ Al héroe de la integración/ que soñó unir repúblicas,/ le dan las gracias públicas/ por esta otra conclusión:/ su nombre da la ocasión/ de un descanso prolongado,/ y el público agradecido,/ con “civismo” de hoy en día,/ lo recuerda –¡qué ironía!–/ solo por ese puente holgado./
El héroe de la integración,/ que no unió patria ni suelo,/ logró sin mucho desvelo,/ unir feriados al montón./ Sin los signos de exclamación,/ ignorada la odisea,/ el ocio es lo que campea,/ las maletas y el asueto;/ más choteo que respeto,/ más parranda que epopeya./
Cansados de descansar/ regresarán muy campantes/ los turistas veraneantes/ del puente sensacional./ Pues si todo nos da igual/ ¿quién se inventó el trabajo?/ ¿los de arriba o los de abajo?/ si el placer de la flojera/ es nomás que una quimera/ de este secular atraso./ Si quieren salir del hoyo/ quizás tomen de consejo/ trabajar duro y parejo/ sacando el arrojo criollo/ sin depender del apoyo/ de otro, más que de lo propio;/ hacer de lo interno acopio,/ echar penca de sol a sol,/ fundir ahínco en el crisol/ no ese proceder impropio./ El trabajo es la semilla,/ la pereza es enemiga/ del frijol en la barriga;/ basta de holgazanería,/ hasta el pan con mantequilla/ se gana con el empeño;/ que no se malogre el sueño/ de construir la patria amada/ con devoción dedicada/ de lo grande a lo pequeño”.
(¿Leíste el mensaje –pregunta el Sisimite– de la mamá de la nena de los cuentos? Dice: “Concuerdo, para muchos trabajar e ir a la escuela es una tortura y más después de estos descansos”. “Dice mi esposo, a los juzgados voy otro día, ya imagino al personal de atención todo amargado”. “Y por eso me despido de la nena con el clásico. “Que te diviertas, no olvides que te amo”. -Sí – ironiza Winston– como bien dijo en cierta ocasión la nena de los cuentos: “El que vino y no tomó vino a nada vino”, que bien podría interpretarse como “el que vino al mundo y no tomó el sabroso vino de la lectura, a nada vino”).


