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domingo, julio 19, 2026

¿Venus y Marte?

ANTES del receso dedicado a la procesión de creyentes en las calles, decíamos: “La IA señalaba que un factor de la pérdida de cohesión en los hogares, y descuido en la formación de los menores, fue cuando las mujeres tuvieron acceso al mercado laboral”.

(Si bien algo hay de eso –interviene Winston– quiero refutar la percepción generalizada, ya que muchísimas madres, son padre y madre. Otras, pese a que tienen trabajo a tiempo completo, no descuidan a sus hijos. Por alguna razón la naturaleza de la mujer es distinta a la de los hombres que puede hacer varias cosas a la vez, al mismo tiempo.

Se levantan temprano, hacen el desayuno, alistan a sus hijos pequeños para que vayan a la escuela, los montan al bus, están pendientes de ellos todo el día, y no se pierden estar presentes en ninguna de las actividades escolares o deportivas.

Cuando salen del trabajo, regresan a atenderlos, a hacer con ellos las tareas y hasta leerles libros para acostarlos. Van con ellos a las misas o a los cultos. Sí, habrá algunas madres boca abiertas y desentendidas, pero muchísimas siguen siendo las guías de la educación de sus hijos y de la conducta en el hogar.

Aparte que la mayoría de ellas desempeña mejor el trabajo, con mayor capacidad y entrega que muchos hombres). Lo que nos hace recordar haber leído tiempo atrás el libro “Los hombres son de Marte, las mujeres son de Venus”, de John Gray.

“La impresión que deja su lectura –aunque un concepto muy generalizado– es que las mujeres pueden hacer varias cosas a la vez y los hombres solo una”. “El texto no es científico en sentido estricto, aunque intenta, con metáforas planetarias, establecer diferencias en estilos de comunicación y en las formas de relacionarse de hombres y mujeres”:

“Las mujeres, tienden a manejar varias tareas simultáneamente y a procesar lo emocional junto con lo práctico. Los hombres: suelen enfocarse en una cosa a la vez y bloquean lo emocional para resolver el problema concreto”.

“Forma de enfrentar los problemas: Las mujeres necesitan hablar de ellos, expresar lo que sienten y ser escuchadas. Hablar es una forma de procesar y liberar tensión. Los hombres tienden a “retirarse a su cueva”, es decir, aislarse y reflexionar en silencio hasta encontrar una solución”.

“La comunicación: Mientras las mujeres usan la comunicación para conectar, reforzar vínculos y compartir experiencias, los hombres la usan de manera más instrumental, para intercambiar datos concretos o resolver algo”.

“Necesidades emocionales: Las mujeres necesitan sentirse valoradas, comprendidas y queridas, en cambio los hombres necesitan sentirse útiles, respetados y reconocidos por lo que hacen”.

“Demostración de afecto: Las mujeres suelen expresar amor con palabras, gestos y cuidado cotidiano, pero los hombres tienden a demostrarlo a través de acciones y soluciones prácticas (arreglar, proveer, proteger)”.

“Reacciones al estrés: Las mujeres buscan hablar y compartir el peso emocional, en cambio los hombres buscan desconectarse, distraerse o resolver el problema internamente”.

(Una aclaración –tercia el Sisimite– “estas diferencias son estereotipos simplificados que han servido a muchas personas para reflexionar sobre sus relaciones, pero no equivalen a verdades biológicas absolutas”.

-La neurociencia y la psicología actuales –ilustra Winston– “señalan que tanto hombres como mujeres pueden tener estilos variados: hay hombres muy multitarea y comunicativos, y mujeres muy enfocadas y orientadas a soluciones”. “El libro usa la metáfora de “planetas distintos” para dar un marco didáctico a esas diferencias de estilo”).

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