“QUÉ bien que hace justicia a las mujeres; –mensaje de buena amiga del colectivo– ¡ahora resulta que somos responsables de la falta de cohesión! No le digo. A mí así me tocó, como a muchas otras; con mucho sacrificio pude salir adelante yo sola con mis hijas; para eso tenía que trabajar hasta el cansancio; hubo vez que tuve tres trabajos desde la mañanita hasta ya bien tarde en la noche, uno tras otro; vendí comida, secaba pelo, hacía arreglos de flores y pasteles para vender; los fines de semana aprovechaba para lavarles la ropa, a mano porque no había para empleadas y menos para lavadora; y el domingo a las 6:00 am iba a locutar noticias a la “N” gracias a la oportunidad que me dio Raúl; eso también me ayudó; pero gracias a Dios, mis niñas son mujeres completas y tengo una familia cohesionada. Saludos querido presidente, gracias por tenernos presente”.
Alusivo al cierre: (Estamos –tercia el Sisimite– ya no en la sociedad líquida, sino que hemos mutado a un estado caótico gaseoso. (Eso es tema de conversación para otro día). -Mirá – interrumpe Winston– ayer la IA señalaba que un factor de la pérdida de cohesión en los hogares, y descuido en la formación de los menores, fue cuando las mujeres tuvieron acceso al mercado laboral.
Y si bien algo hay de eso, quiero refutar la percepción generalizada, ya que muchísimas madres, son padre y madre. Otras, pese a que tienen trabajo a tiempo completo, no descuidan a sus hijos.
Por alguna razón la naturaleza de la mujer es distinta a la de los hombres que puede hacer varias cosas a la vez, al mismo tiempo. Se levantan temprano, hacen el desayuno, alistan a sus hijos pequeños para que vayan a la escuela, los montan al bus, están pendientes de ellos todo el día, y no se pierden estar presentes en ninguna de las actividades escolares o deportivas.
Cuando salen del trabajo, regresan a atenderlos, a hacer con ellos las tareas y hasta leerles libros para acostarlos. Van con ellos a las misas o a los cultos. Sí, habrá algunas madres boca abiertas y desentendidas, pero muchísimas siguen siendo las guías de la educación de sus hijos y de la conducta en el hogar.
Aparte que la mayoría de ellas desempeña mejor el trabajo, con mayor capacidad y entrega que muchos hombres). “¡Muy cierto! –mensaje del amigo del Think-tank– sobre todo el final. Con el hecho que, en una pequeña proporción, hay hombres que procuran estar junto a sus hijos, todo o casi todo el tiempo”.
Comentando el editorial ¿Qué Cambió?, el amigo académico: “El editorial resulta muy interesante. Las respuestas y reflexiones planteadas son de gran valor. Sin embargo, tengo una observación: me parece que las respuestas brindadas por la IA, y en cierta medida también las del editorialista, muestran una inclinación predominante hacia el análisis de una población urbana.
Quizás sería valioso dar continuidad a este diálogo, proporcionando a la IA un contexto más enfocado en la realidad urbano-rural latinoamericana, que incluya aspectos como la violencia y la inequidad social, entre otros”.
“Desde esa perspectiva, se podría generar un debate más profundo sobre el futuro de la educación nacional, que motive a las universidades a cuestionar sus posibles caminos, y también incentive a los partidos políticos a repensar su visión y plan de nación. Tal vez no se logre resultados inmediatos, pero si al menos se logra incomodar y hacer reflexionar a algunos, sería un buen punto de partida”.
(Por supuesto –tercia el Sisimite– que hay muchísimas cosas buenas, ventajosas y fructíferas de estos avances tecnológicos. -Innegable, –interviene Winston– si solo los analfabestias de siglo XXI, los que sabiendo leer y escribir, nada leen y nada de ver escriben, los utilizaran para su provecho y beneficio formativo. -“Dicen que su deseo es relacionarse, –el Sisimite citando a Bauman– pero en realidad ¿no están más bien preocupados por impedir que sus relaciones se cristalicen y se cuajen?”. -La paradoja –ironiza Winston– de la sociedad de hoy: “lo que antes se construía con paciencia (amor, trabajo, comunidad) hoy se reduce a productos de usar y tirar”. La ironía es que el «progreso» hacia la libertad absoluta nos ha entregado a la tiranía de lo efímero”).


