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jueves, junio 4, 2026

¿Torturar?

PREFERIMOS –como terapia a los sentidos lastimados en este invivible bullicio– las conversaciones alegóricas y poéticas del Winston y el Sisimite. Solo ahora que sale algo que vale la pena comentar, regresamos a lo habitual. La verdad del informe de la MOE UE desmorona la mentira repetida: “No hubo fraude”. La lectura sobre lo acontecido, más que un triste relato de la naturaleza política del país es una radiografía que descubre los males sintomáticos, del por qué estamos como estamos. No nos referimos a las recomendaciones. Esas son anotaciones de relleno. Ya que –a juzgar por la descripción de lo ocurrido– pese a contar con una Ley Electoral que aspiraba regularlo todo (“el marco jurídico –se refiere la MOE UE al hondureño– proporciona una base generalmente aceptable para la celebración de elecciones democráticas y se acopla a los compromisos internacionales”), de un proceso que tuvo toda la tecnología del mundo, con los recursos presupuestarios más altos de la historia, esto –de no ser por la aguerrida, valiente, estelar y patriótica entrega de dos consejeras desafiando hostigamiento, defendiendo la democracia, la legalidad y el principio de alternancia en el ejercicio del poder– casi que acaba en crisis.

¿Buscan remedio al mal que se sufre? No es volver a lo cosmético, reformando leyes y retocando reglamentos, que vaya a evitarnos escapar del caos que no es resultado de la letra escrita, sino culpa de las conductas nocivas, de actitudes dañinas y de las mañas vergonzosas de siempre de políticos y de surtidores vocingleros. Que con cualquier ley que les pongan enfrente, –así fueran las tablas de piedra de los diez mandamientos– van a seguir malogrando la acariciada ilusión de la gente, a un futuro mejor. No ven que acá lo que es preciso cambiar son los políticos irresponsables por servidores públicos, los léperos por honestos, los mentirosos por quienes digan la verdad, los incapaces por conocedores de los problemas, los impostores por líderes carismáticos, los pirujos por pesos pesados, los improvisados por estadistas. Prueben con un poco de lo anterior y verán que al país le va a ir distinto. (No que toda esperanza redimible esté perdida. Si reparan en lo ocurrido: el silencio, lo genuino, la afabilidad, la estabilidad y la seriedad de quien ganó, derrotó el griterío, lo fingido, la odiosidad, el desequilibrio, y la patanería hiriente y ofensiva). No es con más teatro que eso se arregla. O con la resabida costumbre a escandalizar para seguir reinando como actores consagrados del espectáculo. Las mujeres –que dieron comicios impecables y declaratoria contra todo el perverso andamiaje montado para desarticular las elecciones– salvan al país del trance suicida, pero desde ahora los mismos, conjugarán para ir creando otro.

(Pero todo lo feo –tercia el Sisimite– no fue solo durante este viacrucis electoral, sino que persiste. Los atorrantes no encuentran remedio reivindicador en la reflexión de sus errores. Varios que complotaron contra el sistema, los sicarios de la democracia, ahora quieren regatearle el reconocimiento a las que protegieron la Constitución y cuidaron del Estado de Derecho. Verdugos se colocan el disfraz de mártires. Aparte del talante artificial, postizo, simulado, sacan el cobre del egoísmo, la mezquindad, la hipocresía. -¿Y dónde dejás –ironiza Winston– el sadismo? En vez de agradecerles por el bien que hicieron –a riesgo de su seguridad, las de sus hijos (as), de su prestigio, de su buena imagen– las quieren torturar. ¿Quién les ha dicho que esas mujeres quieren seguir esclavas de esa prisión –desde donde libraron la más digna de las batallas– sirviendo de piñata de apaleadores? Ahora –como castigo a la tranquilidad y la paz social que se goza gracias a su ejemplar desempeño– es que deben quedarse mientras los políticos hacen acrobacias con las reformas electorales. ¿Acaso se ocupa que estén allí padeciendo –ofreciendo criterios que no van a tomar en cuenta como nunca los han necesitado– si los diputados hacen a su antojo, y a nadie más, que a los que jefean las bancadas y los partidos, necesitan consultar? ¿La tortura a quienes salvaron que el país cayera al despeñadero sería que les caiga encima otra dosis de persecución?

Si por eso fue que reformaron la ley para otorgar licencia. Porque solo de esa manera –como funcionarias del CNE con licencia a desempeñar una función diplomática que bien la tienen merecida, más como alivio a un estado de ánimo golpeado por esa cobarde vorágine de ruin intolerancia– pueden gozar de la prerrogativa garantista constitucional del fuero político, reconocido por la Sala Constitucional pronunciándose sobre el amparo, otorgando medidas cautelares, para no ser objeto del ensañamiento de la Fiscalía que arbitrariamente abrió investigaciones motivadas políticamente por el oficialismo, preliminares para cargar contra ellas con el requerimiento penal. ¿Que renuncien –vocifera la perversidad– para que continúe el calvario, el acoso y la persecución? ¿Hasta dónde puede llegar la grosería?).

 

 

 

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