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lunes, mayo 20, 2024

Tormentas solares y auroras boreales

Durante el fin de semana, medios de comunicación de gran reputación, junto con entusiastas aficionados, difundieron imágenes de hermosas auroras boreales y australes que ocurrieron en diferentes partes del mundo. Lo sorprendente del evento es que estas luces naturales aparecieron en regiones no habituales, como zonas cercanas a los polos, donde usualmente ocurre este fenómeno.

Las auroras boreales, también conocidas como luces del norte en el hemisferio norte y luces del sur en el hemisferio sur, son espectaculares despliegues de luz en el cielo nocturno. La aparición de las auroras en zonas no habituales se atribuye a las tormentas geomagnéticas, también conocidas como magnestorms, que alteran el campo magnético de la Tierra y permiten que las partículas solares lleguen a latitudes más bajas.

Según datos históricos la tormenta solar más intensa registrada, ocurrió en 1859, provocó auroras en muchas partes del planeta, inclusive en Centroamérica y Suramérica, el fenómeno fue observado y registrado por el astrónomo inglés Richard Carrington, quien, con su telescopio desde el jardín de su casa en Londres, empezó a estudiar el fenómeno, el cual posteriormente fue conocido como Evento Carrington. La noche parecía día y la belleza de las luces de las auroras boreales estaban en casi cada parte del planeta.

Si esto ya ocurrió, ¿por qué, entonces, la comunidad científica estaba observando tan detenidamente el fenómeno y advirtiendo que podríamos tener en la Tierra interrupción del suministro eléctrico e Internet?

Es que hay evidencias recientes que en la última década del siglo pasado que “una tormenta mucho más débil dejó sin luz a la ciudad de Quebec durante nueve horas, y en 1998 otra tormenta inutilizó un satélite dejando fuera de servicio miles de cajeros automáticos en Estados Unidos. (National Geographic, 2024).

En la actualidad se depende de los satélites en el espacio, la comunicación y la navegación podrían verse interrumpidas, afectando nuestra cotidiana forma de vida que depende de la tecnología. En siglos anteriores, este tipo de fenómeno no tenía tanta trascendencia, como ahora que hasta la economía depende de los satélites.

En tiempos pasados, nos habríamos limitado a observar lo que sucede en el cielo, sin tener la oportunidad de entender por qué presenciamos auroras boreales en lugares poco comunes. Sin embargo, gracias a las redes sociales, ahora incluso la NASA nos informa con un simple tweet o un mensaje “X”, permitiéndonos comprender y apreciar fenómenos celestiales que antes nos resultaban desconocidos e inexplicables para la mayoría.

El mismo Elon Musk, el mayor inversionista privado en la conquista del espacio, escribió un mensaje en X, de la cual es también propietario de esta red social: “Se está produciendo una gran tormenta solar geomagnética en estos momentos. El más grande en mucho tiempo. Los satélites Starlink están bajo mucha presión, pero hasta ahora se mantienen firmes”. Starlink no es cualquier empresa, es la que posee más de la mitad de los satélites que orbitan nuestro planeta, unos 7 mil quinientos aproximadamente.

Gran parte de los avances tecnológicos que presenciamos hoy, así como los beneficios que empresas como las de Musk han obtenido, son resultado de esfuerzos colaborativos entre potencias mundiales. La investigación espacial, por ejemplo, ha florecido gracias a acuerdos de paz entre Rusia y Estados Unidos, que ahora se ven comprometidos por la situación en Ucrania. Esta colaboración espacial, ejemplificada por proyectos como la Estación Espacial Internacional (EEI), ha permitido que astronautas y cosmonautas de diversas nacionalidades trabajen juntos en la exploración del espacio, demostrando que incluso en tiempos de tensiones geopolíticas, la cooperación en el ámbito espacial puede prevalecer. Este tema merece una discusión más detallada en otro momento.

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