WINSTON y el Sisimite dentro de su universo editorial, a medio camino entre la fábula, la ironía sociológica y la metáfora moral que tanto armoniza con el espíritu de AURUM: A propósito de un fenómeno que se ha popularizado en redes. ¿Qué es “Therian”? Therian (de therianthropy) “describe a personas que sienten –a nivel identitario, psicológico o espiritual– una conexión profunda con un animal específico, hasta el punto de percibirse parcialmente como ese animal en su identidad interior”. “No implica necesariamente creencias sobrenaturales ni transformaciones físicas; suele expresarse como identificación simbólica o espiritual con un animal; conductas imitativas (posturas, gestos, vocalizaciones); construcción de comunidad digital en torno a esa identidad”. “Es un fenómeno cultural contemporáneo, muy amplificado por redes sociales, foros y TikTok, donde conviven expresiones lúdicas, performativas y, en algunos casos, exploraciones identitarias más profundas”.
(Has leído –tercia el Sisimite– que ahora hay humanos que dicen ser animales por dentro. Les llaman Therian. -¿Ah sí? –para las orejitas Winston– ¿Y necesitan decirlo? Yo creía que eso se notaba solito… por cómo aúllan en política y muerden en redes. -No, no… –se ríe el Sisimite– esto es más identitario. Dicen que su espíritu es lobo, zorro, felino… aunque su cuerpo sea humano. -¡Ajá! –interrumpe Winston– O sea que ahora descubrieron lo que los pueblos antiguos sabían: que uno carga animal por dentro. -Entonces… ¿vos serías Therian? -No hombe –rezonga el Sisimite– yo no soy humano que se siente bestia… Yo soy bestia que aprendió a pensar como humano cuando los humanos dejaron de hacerlo. -Solo falta que digás –se rasca la cabeza Winston– que yo sí. -Vos sos chucho… –le aclara el Sisimite– pero con alma de letrado. Un caso inverso: «Canis editorialis». Olfateás la verdad, ladrás cuando hay peligro, y movés la cola cuando alguien escribe algo noble. -Entonces… –suspira Winston aliviado– ¿no encajamos en el tal Therian? -No. –pontifica el Sisimite–Porque el Therian busca su animal interior. Nosotros ya lo tenemos resuelto. Vos no fingís ser chucho: lo sos. Yo no interpreto al monte: nací en él. -Pero hay humanos –ironiza Winston– que dicen sentirse lobos porque anhelan manada… o águilas porque desean libertad. -Ah… entonces –reflexiona el Sisimite– no buscan ser animales… Buscan virtudes que los humanos han olvidado: La lealtad del perro; la dignidad del lobo; la paciencia del venado. -O sea… –adivina Winston– ¿una especie de nostalgia disfrazada? -Exacto –asiente el Sisimite– diste en el clavo, nostalgia de instintos limpios en tiempos de ruido digital. Antes el humano quería parecerse a los dioses. Ahora quiere parecerse a los animales… porque al menos los animales no mienten.
-Pero hay políticos mitómanos –comenta Winston– con síndrome alucinógeno de sus mentiras. Lo esencial –ilustra el Sisimite– es que no somos Therian. “No somos humanos que sueñan ser bestias, somos criaturas que recuerdan al humano lo que perdió cuando dejó de escuchar su naturaleza”. -¿Y habrá – pregunta Winston– Therianes de alma noble… que sí valga la pena entender? -Claro – el Sisimite con su sabiduría ancestral– todo símbolo que acerque al humano a la lealtad, al honor y al equilibrio con la tierra… merece respeto. Lo peligroso no es jugar a ser animal… lo peligroso es olvidar ser humano. -Entonces –concluye Winston– nosotros no encajamos en eso que hace furor en las redes. No simulamos identidad animal, la encarnamos simbólicamente. “Somos arquetipos (chucho leal / guardián del monte) y espejos morales para el humano, no escapes de su personalidad”).


