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martes, octubre 6, 2026

“Sus frases memorables”

“ EN aquel bosque de los padres fundadores de la república vegetal, no bastaba levantar las ramas hacia el mismo cielo para alcanzar la estatura de quienes abrieron primero el camino hacia él”. Winston indaga ¿cómo fue que toda aquella lucha unionista se vino a pique? –Fue una reacción en cadena: la secesión de los estados. “Tras la caída de Gálvez en Guatemala, el poder federal quedó prácticamente sin sustento. Los conservadores de cada estado impulsaron la separación: Nicaragua se separó el 30 de abril de 1838. El Congreso Federal, ya sin autoridad real, declaró el 30 de mayo que los estados eran libres para constituirse como mejor les pareciera, y clausuró sus sesiones”. “Honduras se declaró libre e independiente el 5 de noviembre, bajo el liderazgo del conservador Francisco Ferrera, un declarado enemigo de la nacionalidad centroamericana”. “Costa Rica hizo lo propio el 14 de noviembre y Guatemala se separó formalmente en abril de 1839, ya bajo la influencia de Carrera”

–“Morazán intentó resistir militarmente. Sin embargo, en 1840, Carrera derrotó a las fuerzas federales. El golpe decisivo fue la invasión de Morazán a Guatemala en marzo de 1840, donde sufrió –con desventaja numérica de su ejército– en una celada, la derrota frente a Carrera”. “El conservador reincorporó por la fuerza el Estado de Los Altos a Guatemala. Este Estado, de mayoría liberal, se había separado de Guatemala en 1838 y era un firme partidario de la Federación. Su anexión forzosa eliminó uno de los últimos bastiones del unionismo”. “Con la victoria de Carrera en 1840, la Federación dejó de existir en la práctica. Morazán partió al exilio y los estados conservadores consolidaron sus respectivas repúblicas independientes”. “La caída de Morazán en Costa Rica no fue una batalla campal contra un ejército extranjero, sino el resultado de un levantamiento popular interno, que terminó con su captura y fusilamiento el 15 de septiembre de 1842”. “La chispa estalló el 11 de septiembre de 1842 en Alajuela, liderado por el general Florentino Alfaro, y seis horas después se sumó San José al mando de Antonio «Tata» Pinto. Tras 88 horas de combate, Morazán rompió el sitio y huyó hacia Cartago el 14 de septiembre”. “En su retirada, Morazán buscó ayuda de Pedro Mayorga, a quien consideraba amigo. Sin embargo, este lo traicionó y facilitó su captura junto a Vicente Villaseñor y otros oficiales. Fue sometido a un juicio sumario y condenado a muerte por las nuevas autoridades autoconstituidas.” “A las seis de la tarde, en la plaza central de San José (hoy Parque Central), Morazán fue ejecutado.” (Una salvajada, si la Constituyente de Costa Rica lo había elegido Jefe Supremo Provisorio del Estado. Y además la constituyente había decretado: «El Poder Ejecutivo del Estado queda autorizado para obrar como convenga a fin de que tenga efecto la reorganización de la República y establecimiento de la unidad nacional». “Ese Poder Ejecutivo era Francisco Morazán”).

–Murió de pie, sin permitir que le vendaran los ojos, y él mismo dio la orden de fuego a los soldados”. “La tradición relata que se señaló el pecho diciendo: «Apunten bien, hijos; aquí, directamente aquí»; tras la primera descarga, al quedar vivo, exclamó: «¡Estoy vivo, acaben de matarme!». (“Tres horas antes de morir, dictó su testamento, que en ninguna parte del mismo instruye que sus restos reposen en El Salvador. Eso lo atribuyen a una última voluntad expresada verbalmente cuando iba hacia el patíbulo, de la cual quedó constancia hasta el año siguiente”. “No existe una declaración auténtica de Morazán diciendo que no quería ser enterrado en Honduras, ni una frase equivalente de rechazo a Honduras como su patria natal”). Quedan, para los siglos, sus frases memorables: «Declaro: que no he merecido la muerte porque no he cometido más falta que dar libertades a Costa Rica y procurar la paz de la República». «Mi muerte es un asesinato, tanto más agravante cuanto que no se me ha juzgado ni oído». «Declaro: que mi amor a Centro América muere conmigo». «No tengo enemigos, ni el menor rencor llevo al sepulcro contra mis asesinos, que los perdono y deseo el mayor bien posible». –Winston y el Sisimite observaron que los retoños, –peor ahora que nada es soberbio, todo es insustancial frivolidad– nunca serían aquellos árboles primigenios que soportaron solos las primeras tormentas, poblaron el silencio y convirtieron un páramo en bosque.

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