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sábado, julio 18, 2026

¿Sorbo a sorbo?

“Hoy, –mensaje reenviado por el abogado amigo de otro amigo lector– al abrir la jornada con mi café en mano, decidí seguir su consejo y leer el editorial de ese gran amigo suyo, un hombre cuya pluma, sin duda, es un tesoro intelectual”.

Me encontré con un texto que no solo interpela la razón, sino que también provoca esas preguntas hermosas que invitan a pensar con el alma”. “En esa misma sintonía, recordé un poema que recientemente mencionó un gran empresario mexicano en una entrevista: “Sobre Dar”, de Kahlil Gibran”.

“Es un poema que, como el buen café, se disfruta sorbo a sorbo… y que encierra verdades profundas”. “Hay un verso en particular que me hizo pensar en usted: “Hay quienes dan con alegría, y esa alegría es su recompensa.” “Y es que hay personas cuya generosidad trasciende el acto mismo de dar; lo convierten en una manera de estar en el mundo”.

A usted, con el aprecio y la admiración que le tengo, le comparto este poema completo, con la esperanza de que lo disfrute tanto como yo al leerlo”. De su obra “El Profeta”, el texto completo del poema “Sobre dar…”: “Y un rico dijo:

Habladnos del Dar. Y él respondió: Vosotros dais muy poco cuando dais vuestros bienes. Es cuando dais de vosotros mismos cuando verdaderamente dais. Porque, ¿qué son vuestros bienes sino cosas que atesoráis y guardáis por miedo a necesitarlas mañana? Y el mañana, ¿qué traerá el mañana al perro demasiado prudente que, siguiendo a los peregrinos hacia la ciudad sagrada, entierra huesos en la arena sin huellas? ¿Y qué es el miedo a la necesidad sino la necesidad misma? ¿Acaso no es la sed el temor a la sed cuando vuestro pozo está lleno? Hay quienes dan poco de lo mucho que tienen, y lo dan para obtener reconocimiento, y su deseo secreto hace que sus dones no sean saludables. Y hay quienes tienen poco y lo dan todo. Estos son los que creen en la vida y en la abundancia de la vida, y su arcón nunca está vacío. Hay quienes dan con alegría, y esa alegría es su recompensa. Y hay quienes dan con dolor, y ese dolor es su bautismo. Y hay quienes dan y no sienten dolor al dar, ni buscan alegría, ni dan con conciencia de la virtud; Dan como en el valle el mirto exhala su fragancia en el espacio. Por las manos de tales personas Dios habla, y desde detrás de sus ojos sonríe sobre la tierra. Es bueno dar cuando os lo piden, pero es mejor dar sin que os lo pidan, comprendiendo; Y para el de mano abierta, la búsqueda de quien ha de recibir es una alegría mayor que la de dar. ¿Y hay algo que vosotros retengáis? Todo lo que tenéis será dado algún día; Por tanto, dad ahora, para que la estación de dar sea vuestra y no de vuestros herederos. Con frecuencia decís: «Yo daría, pero sólo a los merecedores». Los árboles de vuestro huerto no dicen eso, ni los rebaños de vuestros pastos. Dan para poder vivir, porque retener es perecer”.

“Ciertamente, aquel que es digno de recibir sus días y sus noches, es digno de todo lo demás de vosotros”. “Y aquel que ha merecido beber del océano de la vida, merece llenar su copa de vuestro pequeño arroyo. ¿Y qué mérito mayor puede haber que el que reside en el valor y la confianza, o incluso en la caridad, de recibir? ¿Y quiénes sois vosotros para que los hombres deban desgarrarse el pecho y quitarse el velo de su orgullo para que vosotros podáis ver su valor desnudo y su orgullo sin disimulo? Aseguraos primero de merecer ser un dador, y un instrumento para dar. Porque en verdad, es la vida la que da a la vida, mientras que vosotros, que os consideráis un dador, no sois más que un testigo. Y vosotros, los receptores -y todos sois receptores-, no asumáis el peso de la gratitud, no sea que pongáis un yugo sobre vosotros mismos y sobre quien da. Mejor, elevad juntos al dador con sus dones como sobre alas; Puesto que ser demasiado consciente de vuestra deuda es dudar de la generosidad de quien tiene por madre a la tierra de corazón libre, y por padre a Dios”. (En este poema –tercia el Sisimite– el profeta Almustafa responde a las preguntas de la gente de la ciudad de Orfalés antes de su partida, abordando temas profundos de la experiencia humana. -Explora el don del “dar genuino” –ilustra Winston– más allá de las posesiones materiales se encierra en el acto de “dar de uno mismo”. Una reflexión sobre la relación entre el que da y el que recibe, instando a ambos liberarse del peso de la deuda y de la gratitud excesiva.)

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