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viernes, julio 12, 2024

Sin pena ni gloria

“La vida no es fácil para ninguno de nosotros. Pero debes tener perseverancia y, sobre todo, confianza en ti mismo. Tienes que creer que estás dotado para algo, y que tienes que lograrlo a toda costa”, reza una frase de Marie Curie, la primer mujer aceptada para estudiar en una universidad francesa, algo que no fue nada fácil para la entonces jovencísima y empecinada Marie quien tuvo que estudiar clandestinamente en su país natal ya que en esos tiempos los estudios superiores estaban negados a las mujeres, luego tuvo que tomar una dura decisión, si seguir sus sueños y mudarse a Francia para lograrlos (en la que probablemente sería la única oportunidad que tendría para hacerlo) o quedarse en casa a cuidar a su padre enfermo. Decidió aceptar el ofrecimiento de su hermana mayor de seguirla al país galo donde también logró ser la primera mujer en ser aceptada como profesora en la Universidad de París.

Marie Curie fue la primera mujer en recibir el premio Nobel ¡y recibirlo dos veces! La primera vez fue en 1903 junto a su esposo Pierre, recibieron el premio Nobel de Física, luego en 1911 lo ganó ella sola; el premio Nobel de Química. Afortunadamente su padre se recuperó de aquello que lo mantenía en cama por aquellos tiempos y pudo ser testigo de los logros de su hija, aunque nunca mostró gran entusiasmo al respecto.
Años más tarde, la hija de Marie y Pierre, Irene, sería galardonada también con el Premio Nobel de Química. Irene fue una destacada física y química francesa y una de las primeras mujeres que logró trabajar para el gobierno francés a partir de sus investigaciones científicas. El ejemplo de perseverancia y éxito lo tuvo desde que nació ahí mismo, en casa. Un par de padres dedicados a lo que más les gustaba, la ciencia, le fueron enseñando, tal vez casi sin darse cuenta, cuáles eran las habilidades que la pequeña Irene traía ya genéticamente instaladas y cuáles podría aprender en el ambiente en el que se estaba desarrollando.

Desafortunadamente no todos tienen la fortuna de Irene y por lo tanto cuesta un poco más descubrir para qué cosa se es bueno sin esforzarse mucho porque ya se trae en los genes y qué otras habilidades se pueden desarrollar y, por supuesto, qué es lo que más se disfruta hacer. Cuando no hay grandes modelos alrededor, es un poco más difícil.
Y desde luego que ni siquiera estamos interesados en averiguar nada porque se nos hace más sencillo seguir al “rebaño” y conformarnos con una vida ordinaria que pasará sin pena ni gloria y de la cual una vez culminada nadie se acordará, pues es un poco más difícil.

Emy James
Emy James
Emy James, psicóloga y Máster en Educación, escritora a nivel profesional. Trabaja en teatro y radio y es también docente.
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