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domingo, julio 19, 2026

Ser docente en tiempos de inteligencia artificial (Parte final)

Por Mirna Isabel Rivera

Entonces, ¿debemos temer o aprender a convivir con la IA en nuestra aula física o virtual? En esta entrega finalizaremos esta discusión. La inteligencia artificial no es una herramienta más, tiene la capacidad de aprender y puede superar fácilmente a las personas promedio.

Escribir un ensayo, un resumen o simplemente presentar la propuesta de una investigación puede tomarle segundos a la IA. Típicamente, cuando la docente asigna una tarea, el estudiante está habituado a pensar en términos de no perder puntos y el docente tradicionalmente penaliza con buenas o malas notas los trabajos.

Los sistemas educativos facilitistas y permisivos difícilmente podrán establecer límites al uso inadecuado de la IA. Es crucial invertir en la formación y alfabetización digital del cuerpo docente. Ellos deben saber utilizar la IA, para poder orientar a sus estudiantes en el uso correcto y ético.

Es de vital importancia contar con la tecnología adecuada, que permita detectar en qué medida se ha utilizado y de qué manera. Los estudiantes, deben tener un rol activo en su proceso educativo, más proyectos de campo, aprender haciendo, poner en práctica lo que están aprendiendo, la pasividad no es concebible en tiempos de IA.

Se debe fomentar un aprendizaje que innove, busque soluciones a problemas reales. El diálogo debe ser abierto, no es cuestión de engañar o autoengañarse. El plagio, aunque sea tomado de la IA seguirá siendo un fraude académico. Si una tarea fue elaborada en un 20%, 40%, 60% o en 100% por la IA debe citarse como elaborado por la IA. Por eso, las instrucciones del docente deben ser claras, precisas y directas.

Establecer qué es permitido y qué no lo es. Si el estudiante incumple debería ser penalizado por no seguir las instrucciones. De antemano, sabemos que los educandos intentarán usar la IA o disfrazar su uso, para no ser detectado por el maestro o por el detector de IA. Si las políticas institucionales son ambiguas, eso favorece su mal uso.

El sistema educativo tradicional se centra más en el resultado que en el proceso, esto debe cambiar. La educación debería ser más personalizados, respetando la individualidad del proceso-enseñanza aprendizaje.

Aunque resulta más caro porque funciona mejor con grupos pequeños. La IA puede ayudar a la retención de los estudiantes, pero no debe usarse como una vía rápida para anteponer el desempeño de estos, solo para cumplir con índices de porcentajes de aprobación y retención. En este caso el sistema educativo estaría apañando una educación carente de calidad y responsabilidad.

La educación es una inversión a largo plazo, “aprender a aprender” es un proceso que podría durar toda la vida (lifelong learning), pero cuando se quiere conseguir rápidamente en un curso, en un semestre o en un programa educativo, provocando resultados acelerados, se pueden trazar metas poco realistas.

Se corre el riesgo de entregar diplomas de graduación que no respaldan las habilidades y competencias que los estudiantes requieren para poder tener éxito en la era digital. El llamado sobre el uso apropiado de la IA, pasa por la responsabilidad de fomentar una formación más allá de aprobar o desaprobar un proyecto o un examen.

Hay que replantear los antiguos paradigmas para enfocarse en uno que realmente incentive el aprendizaje más allá de un índice académico o de ver a los estudiantes como una cifra financiera más. Integrar la IA de manera responsable y ética es el verdadero desafío.

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