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jueves, julio 9, 2026

¿Se juega?

Y sí hay otros ejemplos que conquistaron el corazón del mundo: “Luka Modric (Croacia): Nació en medio de la guerra de los Balcanes. Con 6 años, pastoreaba cabras y su abuelo fue fusilado delante de su familia”. “Vivieron como refugiados en un hotel durante años. De aquel infierno, pasó a ganar el Balón de Oro 2018, rompiendo la hegemonía de récords anteriores”. “Su lucha no fue solo física, fue una batalla contra el trauma infantil”. Sadio Mané (Senegal): “Sus padres, agricultores pobres, le prohibieron jugar al fútbol”. “Con 15 años, huyó de su aldea con la ropa puesta para probar suerte en Dakar”. “Llegó a dormir en la calle y mendigar comida”. “Cuando llegó a Francia para fichar, los directivos dudaron porque sus zapatillas estaban rotas y pegadas con cinta adhesiva”. “Hoy, construye hospitales y escuelas en su país sin hacer ruido”. Varios del colectivo recordando al inolvidable Garrincha, “una de esas figuras cuya vida parece una novela escrita para demostrar que el talento puede brotar en los lugares más improbables”.

“Nació pobre, con una pierna más corta que la otra y ambas deformadas. Los médicos pronosticaron que no podría caminar normalmente, mucho menos jugar al fútbol”. “Sin embargo, aquellas piernas imperfectas se convirtieron en el instrumento con el que hizo bailar al mundo”. “Su dribleo (regateo) era tan impredecible que parecía desafiar las leyes de la física en cada acometida”. “En la Copa Mundial de la FIFA, Chile, 1962, con la lesión de Pelé, Brasil parecía condenado. Pero allí estaba Garrincha”. “Asumió el peso del equipo y firmó una de las actuaciones individuales más extraordinarias en la historia de los mundiales”. “Marcó goles, dio asistencias y llevó prácticamente solo a Brasil hasta la final”. “En la semifinal –esos árbitros mañosos– fue expulsado”. “La sanción lo dejaba fuera de la final. Sin embargo, la FIFA terminó revocando aquella suspensión y le permitió disputar el partido decisivo”. A propósito de un episodio reciente. Esta vez, una lección: se juega en el deporte, pero con el deporte no se juega. Lo que nos trae a historias antiguas, de las vueltas que da la vida, cuando se actúa movido por la conveniencia, creyendo controlar el desenlace, y al final los acontecimientos producen exactamente el efecto contrario. Quizás el ejemplo más conocido sea el de José. “Sus hermanos lo vendieron como esclavo para deshacerse de él”. “Parecía el triunfo definitivo de la injusticia, pero ascendió hasta convertirse en gobernador”. “Gracias a que interpretó los sueños del faraón prediciendo una gran hambruna, Egipto se preparó y almacenó alimentos, logrando así salvar a la nación y a su propia familia”. El pasaje uno de los más poderosos de la literatura bíblica: “Vosotros pensasteis hacerme mal, pero Dios lo encaminó para bien”.

O más reciente la del Nelson Mandela. “El apartheid creyó que 27 años de prisión destruirían su liderazgo”. “La celda inhóspita en que estuvo lo fortaleció internamente”. “Aquello lo que consiguió fue convertirlo en una autoridad moral reconocida en todo el mundo. Salió de la cárcel, no amargado, ni con sed de venganza, sino con tal legitimidad de líder indiscutible de su país y, con la caída del régimen, ganó la presidencia”. “Reconciliando la sociedad, logró que alcanzara la luz de nuevos y prometedores horizontes”. (Volviendo al mundial de fútbol –tercia el Sisimite– ¿qué habría sucedido si la tal FIFA no rehabilita al susodicho jugador expulsado de la tarjeta roja. – ¿No habría sido, más bien –como aquí todo es echarle la culpa a otro– el pretexto que por eso perdieron, por ausencia del mejor jugador del equipo? -Ajá –vuelve el Sisimite– ¿y qué sucedió con el equipo presuntamente perjudicado por la decisión? -Pues vaya ironía –suspira Winston– que de dormidos que estaban jugando los jugadores, se despertaron. Como si lo sucedido los hubiese motivado a demostrar que: “se juega en el deporte, pero con el deporte no se juega”).

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