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jueves, abril 18, 2024

Sara en Madrid

Segunda parte

Escribo mi experiencia, porque hay muchas personas que necesitan saber que sí se puede superar la ansiedad. En la primera parte de este escrito, les comentaba que después del diagnóstico médico y después de visitar varios psicólogos, me encontré en el sistema de la seguridad social, con una lista de espera de más de tres meses y yo no podía esperar ese tiempo, fue ahí donde mi hermano me recomendó recibir atención en línea, él pagó cada una de mis consultas y a través de un teléfono pude recibir cada una de las sesiones, una vez por semana. Mi terapeuta era como una amiga de confianza, a la que contaba cómo me sentía, ella me ayudó a entender mi ansiedad y bajar mis crisis. Por la diferencia de horario, sé que, aun siendo muy de noche en Honduras, ella me atendió, yo le llamaba llorando y ella, llena de paciencia, me dirigía a buscar alternativas, me motivaba a encontrar soluciones para tener una vida mejor.

En mi proceso de terapia, usamos mucho la biblioterapia y me compré un libro de nombre “El poder de la gratitud”, el cual me ayudó a sacar todos esos sentimientos que a veces no puedo expresar con palabras, logré hacer una descarga de emociones y así llegaron otros libros, que me ayudaron en mi desarrollo personal. Crecí emocionalmente, me volví una persona más empática pero también descubrí que el dolor de los demás muchas veces no está en mis manos cambiarlo, entonces comencé a aceptar que la empatía puede ser una virtud, pero mal manejada también puede ser una debilidad. Regresé a mi vida laboral, pues la había suspendido por años debido a mis crisis de pánico. En la actualidad, tengo todo un repertorio de herramientas que he identificado que me ayudan a sanar mis emociones, como, por ejemplo, dar paseos por la naturaleza, sigo leyendo bibliografía nutritiva, trato de hacer meditación día a día, si tengo que llorar, pues lloro y eso me ayuda a liberar el nudo en mi garganta, sin embargo, después canto a todo pulmón para equilibrar mis emociones, escribo todos los días mis agradecimientos porque ya verifiqué que tengo motivos por agradecer y, sobre todo, lo más importante, le oro a Dios agradeciéndole haber tenido el apoyo de mi familia, hermanos, hijas, que en su pequeño entendimiento han sabido darme ánimos con sus tiernas palabras y llenando mi vida de abrazos, mi querido esposo que ha limpiado mis lágrimas, ha sostenido mi mano y me ha animado en todo momento, me ha amado con el corazón puro y destrozado al mismo tiempo por no poder hacer más, que esperar que el tiempo me ayudara a superar mis momentos y también oro porque todo sea mejor, no es fácil, porque nada lo es, pero quiero que el dolor por el cual transite en este mundo, no sea de sufrimiento.

Me despido diciendo que agradezco estar viva, gracias por mi familia, amigos, mi trabajo, por tomar una taza de café, por observar el sol, las nubes y el cielo, por sentir los pies descalzos en la hierba, el abrazo a mi perro, poder dormir en una cama y por tener cosas materiales, buenos momentos, etc.

Gracias a mi terapeuta por todo lo que ha hecho por mí estos años, por acompañarme en ese tiempo de pandemia, por recomendarme tener una mascota, por estar en mi crisis de ansiedad y depresión, por ayudarme no solo a recuperar mi vida, sino a construir una mejor.

Hoy escribo mi experiencia por, si alguna persona lo necesita, quiero decirle que ya no dude en buscar ayuda, no es necesario estar solo, porque sí se puede superar las crisis de ansiedad y depresión.

Por Irazema Ramos, sicóloga.

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