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domingo, julio 19, 2026

¿Retrospectiva?

MITIGADO el fuego achicharrador –ya que cuando las llamas brotan desjuiciadas, al que alerta a los vecinos del peligro, los pirómanos que lo prenden terminan echándole la culpa del incendio– se puede en retrospectiva hacer un examen más reposado.

Lo que trae otra vez a la memoria un librito, entre varios más, que mi papá guardaba en un desarreglado estante de su dormitorio: En 1898, el escritor Émile Zola, publicó su carta abierta, “Yo acuso” en defensa de un oficial judío falsamente acusado de traición.

El periodista y novelista, solo, contra la tendencia dominante de la opinión pública, desafió al Estado y al ejército publicando su carta abierta “J’accuse” en la prensa.

Fue perseguido judicialmente, obligado al exilio. No olvidamos su testimonio: “Por el prestigio que mis obras le han dado a Francia, por el honor de mi nombre, que ha sido para mí y para mi país lo más sagrado, por el respeto que profeso a la verdad y a la justicia, juro aquí que Dreyfus es inocente. Y me someto a que me procesen, por haber dicho esto, si miento”.

Con los años, “Dreyfus fue exonerado, y Zola quedó como modelo de intelectual comprometido con la verdad”. Acto de valentía fue lo que hizo la consejera del Partido Liberal. Desafiando las presiones, hacer público su razonamiento jurídico, como versada doctora en derecho que es, expresando que el pleno –así lo exige la ley– ineluctable se integra con tres consejeros, y solo con la presencia de tres son válidas las decisiones que toma, no únicamente dos, como querían obligarla que hiciese, embrocándola a la comisión de un delito de persecución penal.

Valentía, ante la jauría que se le viene encima con dentelladas de descalificativos, fue poner su cargo a disposición, creyendo que aquello llamaría a la reflexión. (“No estoy en obligación de obedecer algo cuyo fundamento jurídico no comparto –cita textual de la renuncia– y lo compartí públicamente a modo de detener las presiones y llamar a la reflexión.

Por “haber sostenido que esta salida es ilegal y que en realidad no soluciona el problema y que, incluso, podría agravarlo hasta poner en mayor riesgo el proceso electoral y su confiabilidad, se cuestionó agresiva e irrespetuosamente a una liberal íntegra de toda la vida”.

“La apología del odio iniciada ocasionó la puesta en riesgo de la integridad de mi hija”). Todo ello solo para continuar siendo blanco de otra venenosa embestida –igual inducida por mano oculta queriendo esconder su autoría– mientras a gritos la propia autoridad partidaria –en ninguna parte de la renuncia menciona o alude a la candidatura presidencial– exigía su renuncia. Impelida por los groseros ataques, ya no solo a ella –tachándola de “traidora”– sino impúdicas amenazas contra su hija, más por cuidado a esa vida, les da gusto y renuncia.

Crece el furor en leña ardiente apilada para purgar la “herejía”. Dictan la sentencia los Torquemada y las togadas académicas de la moderna Santa Inquisición –artífices de teorías conspirativas– dando fe de supuestos pactos de “brujería”. Y, para infundir más terror a la superstición, un ruego piadoso, con candelas encendidas a los santos milagrosos, ya que allá asoma; allí viene “la chula”.

Entrega la renuncia al Legislativo donde –con igual autosuficiencia acostumbran deslindar decisiones sin consulta al pleno– es desechada dizque por ir condicionada a que “eligiesen al sustituto liberal inmediatamente que se acepte, a manera de no crear un vacío institucional”.

Jamás deja de acudir a una sesión convocada o de integrar el pleno. Soportando las alevosas arremetidas de la incomprensión, su dictamen jurídico, su renuncia, su inamovible dignidad, en solitaria resistencia, obliga a que se vuelva a integrar y a reunir el pleno con los tres consejeros.

Obliga a la revisión de posiciones a sus compañeros del CNE que al final dan un mejor sistema de transmisión preliminar de resultados con el voto de unanimidad. Y con ello se destraba lo que estaba estancado poniendo en marcha nuevamente el cronograma electoral.

Y al fin, el país respira esperanzado que habrá elecciones creíbles. Gana la democracia. (Recibe palabras de apoyo y de confianza plena del candidato presidencial). Hoy, con recatado gozo de ese haber acumulado, sin ufana pretensión de echarse créditos, es la que menos ha hablado.

No les parecería que ¿si algo define la integridad, es eso? ¿Y si algo define la valentía, también es eso? ¿Si hay honor, no se ocupa defenderlo más que con honra propia, aunque sea en la más desierta soledad?

(¿Y a qué horas –tercia el Sisimite– se escucharán las ovaciones, los aplausos, los mensajes de agradecimiento por semejante hazaña de heroísmo? -Ni en sueños –ironiza Winston– difícil que quien se equivoca dé su brazo a torcer, menos esperar arrepentimiento de los necios, en guerra con el Góngora de las Soledades y con Quevedo).

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