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sábado, junio 6, 2026

¿Proyección y ventriloquismo?

UN fenómeno psicológico contagioso en los círculos de comunicación y en la derrengada actividad política de estos días: La proyección, “entendida como el acto inconsciente de atribuir a otros los propios impulsos, deseos, debilidades o conflictos internos que no se toleran en uno mismo”.

Esta distorsión es uno de los “mecanismos de defensa más comunes y estudiados desde el psicoanálisis de Freud hasta la psicología contemporánea”. “El nivel más profundo y sofisticado de proyección consiste en ver en el otro un espejo de la propia sumisión, debilidad o frustración, y suponer que el otro actúa por las mismas motivaciones o limitaciones que uno mismo, porque es incapaz de concebir una voluntad diferente a la suya”.

La proyección psicológica es un complejo de personas mediante la cual “desplaza hacia otra lo que no puede aceptar o reconocer en sí misma”. Supone que el otro siente, piensa o actúa como ella, no por observación objetiva, sino porque su psiquismo no puede concebir otra forma de ser.

Digamos el que acusa: “Ese está obedeciendo a alguien”, “porque yo soy el que siempre obedece órdenes”.

“El sujeto no puede concebir la autonomía del otro, porque él mismo vive sometido a una autoridad, y entonces cree que todos funcionan igual”. “Ese se está dejando manipular, porque yo he sido manipulado o soy fácilmente sugestionable”. Aquí proyecta su debilidad de criterio en el otro. “Ese se humilla por conveniencia, porque yo me he humillado por interés o miedo”.

“Es incapaz de concebir un acto de humildad libre o estratégico que no provenga de una baja motivación como la suya”. “Ese está actuando por vasallaje, porque yo actúo por sumisión”.

(A esa, fulano de tal la controla, porque a mí me controlan mis odios y mis fóbicos complejos de inferioridad). “La valentía del otro no es comprendida, y es reemplazada por una lectura especular de su propio miedo interno”. Un diagnóstico profundo; el espejo de los complejos:

“Quien proyecta en el otro su propia estructura mental lo hace porque: Tiene una identidad construida sobre el sometimiento, la inseguridad o el autodesprecio, y ve a los demás desde ese prisma”. “Su autoimagen no tolera su fragilidad, por lo que la exporta al entorno”.

“En lugar de admitir su debilidad, la ve magnificada en otros, lo que a veces le permite sentirse temporalmente superior, en una ilusión compensatoria”. Incapaces de reconocer
que personas dignas, preparadas, seguras, responsables, honorables, actúen por decisión del criterio propio, sin influencia externa, ya que quien no tiene dignidad, autoestima, decencia, no reconoce en otros ninguna de las virtudes de las que carece.

Este patrón – apuntan los entendidos– “es común en personalidades dependientes, inseguras, autoritaristas (paradójicamente), y también en resentidas”. (“Todo lo que nos irrita de otros – entra el Sisimite citando a Carl Jung– puede llevarnos a un entendimiento de nosotros mismos”.

-“La proyección de la propia sumisión, –interviene Winston– debilidad o necesidad de obediencia en los demás es una forma de defensa psicológica que protege al yo, pero distorsiona profundamente la percepción del otro”.

“Impide comprender la libertad, la autenticidad o incluso la fortaleza de quienes no actúan como él. Y, como todo lo proyectado, revela más al que acusa que al acusado”. “La proyección es el espejo en el que el alma ve lo que no soporta admitir en su interior”.

Solo que aquí juega otro mecanismo de defensa: Lo que los psicólogos denominan el “ventriloquismo psicológico” o “voz desplazada” para describir el fenómeno de alguien que no se atreve a asumir su discurso directamente, por temor al rechazo, al conflicto, a la censura o a dañar su imagen.

Y por eso se sirve de otro para decir lo que realmente piensa. Pero eso, los que ponen a otros a dar alaridos por ellos, queda para otra ocasión).

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