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sábado, julio 18, 2026

Preguntas para cerrar el año: ¿quién soy?, ¿para qué estoy aquí?

Por Mirna Isabel Rivera

En la medida en que, vamos creciendo, si tenemos un ambiente aceptable para la introspección, surgen de manera natural este tipo de preguntas ¿quién soy?, ¿para qué estoy aquí? En muchas sociedades modernas estas interrogantes se responden con un enfoque agnóstico, desde la teoría de la evolución, en las teocracias no hay lugar para ir más allá de los dogmas religiosos.

Algo relevante es que la realidad social y su significado no se construyen de manera aislada, sino en función del entorno y del contexto histórico en el que se nace y se crece. Las oportunidades de acceso a la educación, a la esfera pública y al reconocimiento social han estado históricamente condicionadas por factores estructurales, entre ellos el género.

En contextos donde a las mujeres se les negó históricamente el derecho a estudiar, participar en el espacio público o ser visibles, su producción intelectual y su contribución social habrían sido sistemáticamente silenciadas.

Incluso en escenarios contemporáneos donde las mujeres han alcanzado posiciones de liderazgo, persisten dinámicas sutiles que limitan su reconocimiento y además limitan que ellas reconozcan a otras mujeres, más bien las tratan con hostilidad en relación a sus pares masculinos que sí respetan o temen.

Subyace aún la idea, muchas veces implícita, de que al sobresalir profesional o intelectualmente puede resultar incómodo cuando desafía jerarquías tradicionales asociadas al género. Estas tensiones revelan que la igualdad formal no siempre se traduce en igualdad real, y que las estructuras simbólicas continúan influyendo en la valoración del mérito y del desempeño.

En el ámbito familiar también se reproducen patrones culturales profundamente arraigados a una cultura que busca discriminar por género. De hecho, cuando una mujer alcanza logros académicos o económicos superiores a los de sus hermanos varones, estos avances no siempre son percibidos con motivo de orgullo familiar.

Por el contrario, pueden generar sentimientos de frustración o desajuste en las expectativas parentales, sustentadas en jerarquías de género tradicionales. En estas dinámicas, se observa cómo ciertos recursos familiares —incluido el patrimonio— son concebidos como mecanismos de compensación destinados a restablecer un equilibrio simbólico que favorezca al hijo varón, reforzando la idea de que el éxito femenino debe ser contenido o neutralizado.

El signficado de la vida, no viene desde nuestro nacimiento, no es algo predeterminado, es más bien progresivo, se construye tomando en cuenta diferentes variables de nuestro entorno. Tenemos la posibilidad de reconstruir y replantear también esos patrones con los que hemos sido expuestos desde nuestra niñez.

Revisando nuestra realidad nacional, me llama la atención observar cómo funcionan las redes de corrupción a nivel gubernamental y las estructuras del narcotráfico, están organizados bajo lazos familiares, todos comparten la misma visión y los mismos antivalores. Hasta tienen sus propios chamanes de la fe para que los bendigan.

En los entornos políticos es parecido, la asignación de cargos o candidaturas para diputados y otros puestos claves. El nepotismo lo disfrazan con lenguaje afectivo, lo cubren con lealtad familiar, la corrupción la avalan y la legitiman con discursos religiosos de reconocidos o menos conocidos mercaderes de la fe, que les dan la bendición y hasta se autodenominan profetas, capaces de convertir bastones en serpientes, como lo hacían los hechiceros egipcios, pero ellos se creen Moisés o Aarón.

En otras sociedades altamente secularizadas, emergen nuevas formas de búsqueda de sentido: ideologías, nacionalismos extremos, consumo, éxito profesional, activismo social o incluso nuevas espiritualidades no religiosas.

En ese vacío existencial, la pregunta “¿quién soy?” deja de ser solo una cuestión filosófica, pasa por lo político, educativo y cultural. La otra pregunta para cerrar este año: ¿para qué estoy aquí?, la dejo abierta, para que cada quien la responda desde su experiencia de vida, cosmovisión, creencias y valores.

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