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viernes, mayo 24, 2024

Pistola en mano

Pues sí, ¡así como lo vio usted compa! Una fémina en todo su esplendor, una hermosa mujer del trópico, frondosa, voluptuosa, color de mi gente, explosiva y sin miedo, cabal como son ellas por aquí…

Así como la vio compa, hermoso ejemplar del género femenino, pistola en mano, con la tromba de emociones visibles en sus gestos, discutiendo con el joven en la calle, pero con el arma en la mano, presta a escupir muerte como sabe hacerlo toda arma de este mundo. Uno solo puede sacar conjeturas, ¿vaa compa? Uno solo puede adivinar lo que pasó, siempre son tres versiones de una historia, la de cada lado y la que en verdad ocurrió, pero si lo vemos frío, como lo permite el chisme en la tele o en el internet, nos damos cuenta de quejas de otras féminas casi siempre, que también han sido agredidas en una esquina con semáforo, al negarse todas ellas a pagar la tarifa,  por esperar el cambio de luz en la esquina, disfrazada de servicio de lavado de parabrisas… no se haga, compa, a todos nos ha tocado mover los limpiaparabrisas o decir que no con la mano, mientras vemos la mirada de hastío del muchachito o muchachita que siente la obligación que le debemos. Hemos visto los comentarios de las féminas, muchas de ellas dando la razón, muchas confirmando mediante la opinión de la rabia, abrazada a la impotencia que sintieron, que también han sido las mismas víctimas que la joven con pistola en mano, aunque esta chica se hartó del uso y el abuso. No se equivoque, querido lector, no estoy de acuerdo que alguien saque un arma en público, ni siquiera para enseñarla menos para ofrecer la posibilidad de besar el plomo si sigue la discusión. Pero en una tierra donde el hambre impera, donde el trabajo es escaso y la necesidad es mucha, pues, ¿qué le digo?, crece la pobreza y con ella la necesidad de subsistir, por eso vemos en cada esquina, niños pidiendo en el frío o en el calor y jóvenes hambrientos que buscan a diario “la papa” como sea y cuando sea. Sí, querido lector, esa joven con el arma en la mano, discutiendo en la calle, valiente o temeraria, no es más que el resultado de la ecuación que ahora llamamos vida aquí, donde un gobierno nos priva de la seguridad, divide la educación a su mínima expresión y cada vez resta  más los medios de salario, ya vio usted el resultado, lo insto a que haga el cálculo y verá que es lo mismo, un ciudadano, o ciudadana, como es el caso, cansada del abuso producto de la desesperación de alguien con poco dinero y seso, explotar temerariamente en la vía publica y las redes.

Ahora tendrá ella que sufrir el castigo impuesto por la ley, que trata escondida casi con pena de seguir entre nosotros para hacer la mampara que aquí reina ella. Mientras, supongo que el otro joven, el que pide y amenaza, sapiente solo de la ley de la calle, en la que un día come y el otro puede amanecer en la morgue, continuará entre sol y lluvia viendo cómo le arranca otro peso más a alguien en la esquina, preocupado más por su tripa en la lucha del día a día, que pensar que tuvo enfrente una joven con pistola en mano.

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