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jueves, mayo 30, 2024

Buenos samaritanos

Hace algún tiempo leí A sangre fría”, de Truman Capote, en la que el autor convierte un suceso real y trágico ocurrido a una familia en Misuri hace algunas décadas, en una novela. A medida que se avanza en la lectura uno siente que le van entrando dudas acerca de las enseñanzas recibidas en la infancia; aquello de “haz el bien sin mirar a quién”, por ejemplo. El dueño de una granja y padre de familia, hombre querido y respetado en su comunidad por ser un buen ejemplo en todos los sentidos, pagó demasiado caro, me parece a mí, el haber confiado en la decencia de las personas que contrataba para trabajar con él. También la gente que les hizo el favor a estas mismas personas de llevarlos en sus autos cuando pedían “jalón” en la carretera, en fin… es uno de esos libros que lo deja a uno pensando bastante, y claro que lo recomiendo mucho. Seguramente usted sacará sus propias conclusiones.

Luego, no hace mucho, sucedió algo muy lamentable a una familia que conozco de cerca y que, por lo tanto, que han educado a sus hijos para que sean personas de bien. Uno de los muchachos de esta familia se conducía una tarde en el pesado tráfico desde la universidad con rumbo a casa, cuando vio a la orilla de la carretera a una pareja de señores ya entrados en edad que con angustia pedían ayuda sin que nadie se detuviera a ayudarlos. El chico no dudó en aparcar su carro detrás de ellos para asistirlos, con tan mala suerte que cuando se bajó preguntando qué era lo que necesitaban y mientras se acercaba a ellos, un carro conducido por quién sabe quéimprudente (por llamarlo de alguna manera)se abalanzó sobre ellos atropellando y dejando ahí al muchacho quien quedó gravemente herido, a tal grado que han tenido que amputarle una pierna. Este tipo de cosas también lo dejan a uno pensando.

Y bueno, indudablemente no solo estos casos tan extremos son los que vemos seguido en nuestro propio entorno, en los que alguien que está tratando de hacer algo bueno por otro, termina siendo dañado de alguna manera y a veces por la misma persona a la que ha servido.

La pregunta que queda en el aire es,entonces, ¿qué es lo que debemos enseñar a nuestros hijos y nietos? ¿Les enseñamos a darle una oportunidad a otros confiando en que no saldrán afectados del asunto o, los preparamos para que aprendan a cuidarse las espaldas y no tenderle la mano a cualquiera? Difícil cuestión me parece a mí, así como me parece escuchar a una buena mayoría diciendo “ni una ni otra”, y creo que yo me quedaría con esa mayoría porque tal vez aquí la respuesta estaría en encontrarle el punto medio al asunto, como decía Aristóteles o como dicen los comerciales de productos nocivos para la salud “nada con exceso, todo con medida”.

 Y seguramente estaríamos también de acuerdo con don Jacinto Benavente cuando nos dice que: “Lo peor que hacen los malos, es hacernos dudar de los buenos”.

Emy James
Emy James
Emy James, psicóloga y Máster en Educación, escritora a nivel profesional. Trabaja en teatro y radio y es también docente.
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