LOS cinco de corteza como obsidiana líquida, guardan el silencio de lo que aún está por nombrar; los cinco árboles, como columnas del templo, de hojas que susurran en lenguas muertas, custodios de la memoria de sueños que no se olvidan al despertar. –Seguimos –Winston al Sisimite– para que algo quede del choteo morazánico. –“¿Esos cinco próceres que hoy honramos juntos habrían aceptado, en vida, compartir un mismo proyecto político, una misma Constitución y una misma concepción de la patria? –Hay que advertir que “algunos fueron aliados, otros adversarios disputándose los sufragios, y que no todos entendían de igual manera la libertad, la autoridad, la religión, la educación o la unión centroamericana”. –Como estás dando clases de civismo –Winston al Sisimite–que piensan tus alumnos de estas inquietudes: ¿Podía existir una república liberal sin recurrir a las armas para defenderla? ¿La experiencia vivida fue retrato de la fragilidad de las instituciones o de la necesidad de protegerlas frente a sus enemigos? ¿Hasta qué punto Morazán y Herrera coincidían en los límites y riesgos del poder militar, partiendo de que ambos defendieron el constitucionalismo, pero sus responsabilidades y experiencias fueron distintas?”
–“¿Hubo diferencias importantes entre Morazán y Cabañas sobre la manera de restaurar la Federación, o la fidelidad de Cabañas al ideario morazanista fue esencialmente política y doctrinal? ¿Cabañas defendía la reunificación porque la consideraba políticamente viable o porque constituía un compromiso irrenunciable con la causa de Morazán? –¿Valle habría podido evitar la desintegración de la Federación si hubiese vivido para asumir la presidencia en 1834? ¿Qué pensaban realmente unos de otros? ¿Existen cartas, discursos, testimonios o documentos irrefutables que permitan distinguir sus opiniones auténticas de las rivalidades que posteriormente les atribuyeron sus biógrafos? ¿Qué habría sido de la unión centroamericana si Morazán y Valle, en lugar de enfrentarse electoralmente, hubieran conseguido gobernar mediante un acuerdo político? ¿Morazán y el padre Reyes eran verdaderos adversarios ideológicos o el examen posterior exageró sus diferencias al presentar el liberalismo y la religión como enemigos irreconciliables? ¿La educación que promovía Morazán perseguía los mismos fines sociales que la enseñanza humanística impulsada por el padre Trino? ¿Hasta dónde habría aceptado el padre Reyes la secularización de la enseñanza, y hasta dónde Morazán habría reconocido la contribución educativa de las instituciones religiosas? ¿Es posible que dos hombres que discrepaban sobre la influencia política de la Iglesia –dado su corte conservador– coincidieran profundamente en la necesidad de combatir la ignorancia? ¿Cómo habría concebido Valle una educación nacional que conciliara la ciencia, la libertad de pensamiento y las tradiciones religiosas?”.
–“¿No te parece paradójico –Winston al Sisimite– a la luz de la separación de los países, subsistiendo como entes autónomos e independientes, o quizás, dicho de otra forma, a la sombra de las tinieblas, dada la insignificancia, geopolítica, económica y comercial, de estos pintorescos paisajes acabados, frente a los poderosos bloques hegemónicos del primer mundo —contemplar que Honduras, celebre en su conjunto, como próceres nacionales, a hombres que, en su mayoría, concibieron su patria como parte de una nación centroamericana más extensa?” Winston y Sisimite hasta aquí llegaron en su conversación; ya oscurecía, y al otear el firmamento les pareció imaginar que la bendita pentalogía de aquella espesa arboleda sostenía el cielo con ramas alumbradas por destellos de luz de la luna, que sangran savia de estrellas.


