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martes, octubre 13, 2026

¿La posteridad?

“EL bosque, inmóvil y solemne, guardaba el secreto de los que caían; y en cada ráfaga, entre sombras y ramas, se oía no sólo el fragor del combate, sino el latido de una patria que nacía o moría entre relámpagos”. –¿Estuviste –Winston al Sisimite—cuando escribió su primer testamento? –Si, el “Manifiesto de David”, redactado por el general Francisco Morazán en David, entonces parte de la Nueva Granada y hoy territorio de Panamá, en 1841; histórico documento de su pensamiento político”. “Morazán, apartado del poder, después de la disolución de la Federación Centroamericana, da su interpretación de los acontecimientos que destruyeron la República Federal; defiende su actuación y reafirma sus ideales republicanos y unionistas”. Escribe: «Pero no importa. Nosotros tenemos la justicia. Vamos a los hechos» (“Contrapone la autoridad de quienes gobiernan con la legitimidad de quienes consideran justa su causa”.). «Cuando vosotros disfrutabais de una patria, no podíamos nosotros pronunciar este dulce nombre. Recordadlo». (“La patria no era solamente un territorio, sino una comunidad fundada en la libertad”.) «Que os halláis colocados en el poder, y que nosotros nos encontramos en la desgracia». (“Evidencia la desigualdad entre los vencedores que disponen del aparato estatal y los vencidos que sufren el destierro”.)

–«Juzguen y decidan ahora si tenéis algún título para llamaros centroamericanos, y cuáles son los nuestros». (“Convierte la pertenencia a Centroamérica en una cuestión de conducta y compromiso histórico, no simplemente de nacimiento”.) «La libertad que habéis combatido tantas veces derramando la sangre de sus mejores defensores, ha recobrado el imperio del orbe». (Expresión solemne del cierre del Manifiesto: “la convicción de que la libertad sobreviviría a sus enemigos”.) El epígrafe con que comienza el Manifiesto: «Cuando los traidores a la patria ejercen los primeros destinos, el Gobierno es opresor». (“Él mismo atribuye la frase a Montesquieu”.) El texto es elocuente por “la severidad con que juzga a sus adversarios, su defensa de la legitimidad republicana y su concepción de una patria centroamericana indivisible”. “Sus acusaciones contra las élites conservadoras y Rafael Carrera”. «En vuestra patria ejecutabais los crímenes que siempre se quedaban impunes, porque vosotros mismos erais los jueces». (“Denuncia aquí la apropiación de la justicia por quienes deberían estar sometidos a ella”.) «En vuestra patria perpetrabais los más atroces delitos, a los que se les daba el nombre de debilidades para dejarlos sin castigo». (“Contra el privilegio de quienes convierten sus delitos en simples faltas disculpables”.) «Que podéis hacer uso de vuestra autoridad para procurarnos acusadores, que nosotros no encontramos tal vez ni un testigo». (El poder político aparece como instrumento para fabricar acusaciones y perseguir adversarios”.)

–«Que nuestra voluntaria retirada de los negocios públicos, con un objeto más noble que el que ha podido caber en vuestros corazones, la habéis interpretado como fuga». (El prócer reivindica su retiro como una decisión honorable y rechaza que sus enemigos lo presenten como cobardía”.) «Y para que nada faltase a vuestra dicha y a nuestra desgracia, así en la tierra como en el cielo, ¡Hasta los santos sacabais de vuestras propias familias!». (De los pasajes más irónicos, denuncia la pretensión de sus adversarios de monopolizar incluso la virtud religiosa”.) «En lugar de la tiranía de los Borbones, nos disteis el escándalo de un emperador de farsa». (“Una referencia a Agustín de Iturbide y a la subordinación centroamericana al Imperio mexicano”.) «En vuestra patria ostentabais los honrosos títulos de tiranos, y nosotros representábamos el humillante papel de esclavos». (“Utiliza deliberadamente la contradicción entre honor y tiranía para denunciar la inversión de los valores políticos”.) El Manifiesto de David es de los más severos alegatos políticos de la historia centroamericana del siglo XIX: “No es una despedida resignada, sino el juicio de un gobernante depuesto que todavía reclama para sus ideas la victoria de la historia”.) Un lejano, pero retumbante eco –escucharon Winston y el Sisimite entre los truenos– «La posteridad nos hará justicia». “Morazán dirigiéndose al general Vicente Villaseñor, poco antes de que ambos fueran fusilados en San José de Costa Rica, el 15 de septiembre de 1842”.

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