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jueves, junio 4, 2026

¿Nada con nadie?

 ¿Y qué irá a suceder del hondo respiro del pueblo inhalando la reparadora fragancia de su acariciada paz, tras la concurrencia multitudinaria, cívica, en orden, sin violencia a la elección? Lo que fue objeto de admiración y reconocimiento de propios y extraños, entre ellos, observadoras de afuera, que vieron en Honduras un modelo de país desafiando maldiciones y oscuras expectativas.

Un ejemplo de civilidad democrática, cuidando de su apetecido anhelo de vivir en paz. A propósito del insufrible ruido desencadenado en redes sociales: Veamos –con asistencia de la IA– algunas frases atribuidas a ilustres nombres: Filósofos y ensayistas (S. XIXXX) Arthur Schopenhauer: “El ruido es la impertinencia más arrogante, pues interrumpe nuestros pensamientos, quebranta nuestra concentración y asesina nuestras ideas.

Es el torturador del hombre intelectual”. Friedrich Nietzsche: “No temo al ruido del martillo, sino al ruido pequeño e insistente de la mosca que zumba alrededor de mi oreja. Ese es el verdadero ruido moderno: insignificante, vulgar y eterno”. “El hombre superior busca el silencio de las alturas o el de su propia fortaleza interior; la multitud, en cambio, confunde el bullicio con la vitalidad”.

Escritores (S. XIX-XX) Mark Twain y su humor cáustico: “Nada hay más exasperante que un ruido que tú no estás haciendo. El que lo produce siempre lo encuentra necesario, musical o, en el peor de los casos, un derecho inalienable”.

“El inventor del martillo merecía un monumento; el inventor del martillo a las siete de la mañana en la casa de al lado, merecía la horca”. Marcel Proust: “Forré mi habitación de corcho no para aislarme del mundo, sino para aislar al mundo de mí; especialmente de su cacofonía de ruedas, voces y campanas que destrozan el frágil cristal de la memoria”. “El ruido es el vandalismo que se ejerce contra el palacio de la intimidad”.

Julio Cortázar: “La verdadera pesadilla no es el infierno, es un departamento donde todos los ruidos llegan perfectamente, menos el que uno espera oír”. H. P. Lovecraft: “Hay ruidos que no pertenecen a este mundo; son ecos de dimensiones insondables, como el chirrido de la tiza en una pizarra cósmica. Los ruidos humanos solo son su débil reflejo, igual de perturbadores”.

Dorothy Parker: “El hombre que inventó el claxon del automóvil debió ser el mismo que luego escribió el manual de instrucciones para armar un mueble a las tres de la madrugada. Ambos comparten un oscuro sentido del humor”.

Ennio Flaiano: “Los italianos, cuando aman el silencio, cierran la ventana para no oírlo”. (Una joya de la paradoja satírica aplicable a muchas culturas ruidosas). George Bernard Shaw: “El ruido es la firma de la estupidez. Los seres inteligentes buscan comunicarse con ideas, no con decibelios”. Quevedo del siglo XXI: “No es la tecnología mala, sino el uso que de ella hace el hombre, que ha convertido el mundo en una plaza pública donde hasta el silencio tiene que pagar por su asiento”.

(Y eso –tercia el Sisimite– que el ruido de antes no era ni comparable a la barahúnda de ahora. -Sospecho –reflexiona Winston– que te referís a que todavía no había asomado su aguda lengua la tecnología ruidosa, propagadora de odiosidad y de conflicto, manipulada por algoritmos hipnóticos de los adictos a los chunches digitales en la sociedad.

Los hongos venenosos que brotan en la ciénega de las redes sociales. Y algo más –agrega el Sisimite– como acá la perversidad pasa ansiando coyunturas para sacarse espinas de sus inquinas, repetimos el siguiente aviso: Por respeto al amable público respecto a aviesas conjeturas que sueltan. El expresidente no se ha reunido a negociar absolutamente nada con nadie. Y si sin haberlo hecho inventan falsos ¿qué no se les antojaría especular si hubiese habido encuentro alguno? Que no se ha dado ni se dará).

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