Por Emy James

“Nada con exceso, todo con medida” porque hasta lo bueno en exceso, se vuelve malo. Hace poco platicábamos acerca del “síndrome del nido lleno” y de cómo este fenómeno en el cual los padres se encuentran conviviendo con sus hijos adultos es cada vez más común.
Hablábamos de algunas posibles causas como la economía y los divorcios y decía yo que hay otra razón que tiene que ver con el desinterés de los hijos por hacer una vida independiente, fuera de la casa donde crecieron. Y en esto me gustaría ahondar un poco.
Pero antes me parece importante señalar el porqué de la preocupación de los profesionales de la salud mental en cuanto a esto. ¿Qué puede tener de malo que los hijos se queden viviendo en casa después de ciertas edades? Pues tiene que esta convivencia puede llevar a la ruptura de la relación entre padres e hijos. Y desde luego que eso no puede ser bueno, para nadie.
Muchos padres (sobre todo las mamás que traemos el instinto de protección impregnado en el ADN) ofrecen o aceptan esta situación en aras de ayudar a su hijo o hija, pero luego esa manifestación de buena voluntad puede volverse en su contra.
Seguro que conocemos ya sea de cerca o de lejitos, padres e hijos peleados luego de haber compartido un espacio por mucho tiempo, y aquí volvemos al tema del exceso. Una cosa es seis meses, un año.
Otra cosa son diez años y contando…
Porque cuando hablamos de esas cantidades exageradas de tiempo es porque por lo general su hijo o hija está viviendo bajo su techo no solo, sino con familia. Y una cosa es intentar llamarles la atención a ellos por cosas con las que no se está de acuerdo y otra muy distinta es tratar de corregir conductas, contradecir o entrar en desacuerdos con terceros que a veces son completos desconocidos en realidad. Y esto sin mencionar a los hijos de los hijos y lo difícil, frustrante y agotador que debe ser para los abuelos ser testigos de modos de crianza con la que están en total desacuerdo.
Quedarse callado, no intervenir y dejar que todo sea como a los otros les parece, dejarles la rienda de todo, no es menos frustrante, tampoco es una opción para muchos padres. Y es aquí donde aparece el indeseado conflicto. Ni una parte ni la otra viven con tranquilidad.
Volviendo a los excesos, ofrecerles a los hijos demasiada comodidad mientras van creciendo y aún ya siendo adultos, podría ser el meollo del asunto. Y esto no se limita a ellos, sino a cualquiera que debería estar ocupado en lograr autonomía, el exceso de comodidad no favorece. Ofrecer ese confort lejos de ayudar, daña. Cada uno de nosotros debe pasar por un proceso que nos llevará a ser capaces de hacernos cargo de nosotros mismos, el hecho de que nos den todo fácil, dificulta y a veces frena ese proceso. Pero a veces sucede que la gente no está en realidad interesada en salir a la vida así que se quedará donde le ofrezcan exceso de comodidad.
Pero entonces nadie debería quejarse por nada, ni los de un lado, ni los del otro.



