VOLVIMOS a consultar la IA sobre el paso de la visión de Marte y Venus, a la “modernidad líquida” de Zygmunt Bauman: “Ha transformado de raíz el entendimiento entre las personas”.
“El cambio no ha sido solo de estilo comunicativo, sino de la naturaleza misma de los vínculos: De vínculos sólidos a relaciones líquidas: Antes (años 90, Gray): Se asumía que las parejas buscaban estabilidad duradera, aunque con malentendidos de género.
El problema era cómo comunicarse entre Marte y Venus. Ahora (modernidad líquida): Los vínculos son más frágiles, se basan en inmediatez y “usabilidad”. Un mensaje ignorado puede erosionar un lazo.
Una relación puede disolverse con un “unfollow” o “block”. Efecto en el entendimiento: la comunicación ya no se orienta a mantener, sino a probar y descartar rápidamente”.
“El paso de la palabra al signo instantáneo: Antes, el esfuerzo comunicativo exigía tiempo: cartas, llamadas, encuentros cara a cara. Había lentitud que obligaba a procesar lo dicho. Ahora, son Emojis, audios y mensajes efímeros reemplazan explicaciones largas.
Efecto: se pierden matices y contexto; aumenta el riesgo de malinterpretar. El entendimiento se vuelve superficial y ansioso”. (Pero no solo eso –mete su cuchara Winston– en el mundo de los “analfabestias” del siglo XXI, que aun sabiendo leer y escribir, nada leen y nada de ver escriben, es un retorno a la escritura de la era rupestre, manifestada a través de pinturas (pictografías), grabados (petroglifos) o marcas sobre rocas y cuevas durante la prehistoria, específicamente en el Paleolítico y Neolítico”.
Le han hecho la guerra al idioma y que no decir a la gramática y a la sintaxis. Pésima ortografía, cuando se intercambian algún garabato). “El debilitamiento del compromiso: Gray hablaba de malentendidos, pero sobre la base de que el hombre y la mujer querían seguir juntos, solo que “no se entendían”.
Bauman, en la modernidad líquida, los compromisos son reversibles, siempre hay “opciones en el mercado afectivo”. Efecto: se conversa menos para reparar y más para negociar la salida”.
“La sobreexposición pública: Antes, lo privado se resolvía en la intimidad de la pareja. Ahora, las redes sociales convierten las tensiones en espectáculo. Efecto: la comunicación está mediada por la audiencia; muchas veces se habla “para que vean los demás” más que para entenderse entre dos”.
“Ansiedad líquida en el entendimiento: La inmediatez crea presión: si no respondes, parece rechazo. La sobreoferta de estímulos (mensajes, likes, notificaciones) dispersa la atención.
Efecto: entender al otro requiere concentración y escucha activa, pero vivimos en un entorno que fragmenta y acelera”. (O sea que antes –tercia el Sisimite– el problema era cómo “hablaban distinto y se comunicaban Marte y Venus para entenderse mejor uno con otro”- Ahora el problema es que la comunicación ocurre en una modernidad líquida donde “todo es rápido, volátil, superfluo, ansioso, fácilmente sustituible”.
El entendimiento se ha vuelto frágil, dependiente en señales instantáneas y no en compromisos sólidos. -O sea –ironiza Winston–“antes los malentendidos eran por géneros distintos; ahora, porque un emoji no significa lo mismo en Marte que en Venus, y porque los planetas giran en órbitas líquidas que cambian cada día”.
En otras palabras, pasamos de planetas sólidos a lo mojado de los líquidos, y ahora –como vamos a ver en otra ocasión, de lo líquido se evolucionó a lo gaseoso, partículas con poca a ninguna fuerza de atracción entre sí, a las atmósferas etéreas).


