MUCHO interés del colectivo –inquiriendo sobre otras diferencias en la relación y los comportamientos– por el libro “Los hombres son de Marte, las mujeres son de Venus”, de John Gray.
“La impresión que deja su lectura –aunque un concepto muy generalizado– es que las mujeres pueden hacer varias cosas a la vez y los hombres solo una”. “El texto no es científico en sentido estricto, aunque intenta, con metáforas planetarias, establecer diferencias en estilos de comunicación y en las formas de relacionarse de hombres y mujeres”:
“El problema y la solución: Hombres de Marte: Cuando una mujer comparte un problema, él de inmediato ofrece una solución práctica (“¿por qué no haces esto?”). Mujeres de Venus: No buscan la solución inmediata, sino que alguien las escuche, las comprenda y comparta la carga emocional. El conflicto en la comunicación es que ella se siente ignorada (“no me entiende”), él se siente inútil (“nunca es suficiente”)”.
“La “cueva” del hombre: Los hombres bajo estrés se “retiran a su cueva”; ya sea viendo televisión, leyendo el periódico, encerrándose en el garaje, o yéndose de la casa, para aclarar su mente. Las mujeres interpretan ese silencio como falta de amor o interés.
(El autor explica que no es rechazo, es un mecanismo masculino de autorregulación)”.
“El “vaivén” de la mujer: Las mujeres emocionalmente funcionan como olas que suben y bajan; a veces se sienten cercanas y amorosas; otras, necesitan retirarse y procesar sus sentimientos. Los hombres no comprenden estos cambios de ánimo y creen que hicieron algo mal, cuando en realidad es un ciclo natural en ellas”.
“Lenguaje diferente: Las mujeres usan expresiones exageradas para comunicar emoción (“nunca me escuchas”, “siempre estás ocupado”). Los hombres: interpretan literalmente esas frases, lo que los lleva a discutir la “exactitud” en lugar de atender la emoción. (Ejemplo: ella dice “¡nunca me llevas a salir!”, y él responde “eso no es cierto, la semana pasada fuimos al cine”.
Resultado: frustración mutua)”. “Dar y recibir afecto: Las mujeres sienten amor en detalles pequeños y frecuentes (escuchar, gestos, palabras). Los hombres: tienden a dar cariño en gestos grandes y esporádicos (comprar un regalo caro, hacer un favor enorme). (Ejemplo: ella valora más “una muestra de afecto o cariño” diario que un viaje una vez al año; él cree que el viaje debería ser suficiente)”.
“La motivación y el reconocimiento: Los hombres se motivan cuando se sienten necesarios y reconocidos. Si sienten que todo lo hacen mal, se retraen. Las mujeres se motivan cuando se sienten queridas y valoradas.
Si sienten frialdad, se vuelven inseguras y reclaman atención”. (Ni idea tenés –tercia el Sisimite– en el berenjenal que nos han metido con esa lectura. Y ni se te ocurra subir algunos de los mensajes que recibimos, ya que aquí, no hay cosa que no lo vinculen con la política; y mejor no meterse ni en cumbres borrascosas ni en terrenos pantanosos.
-La conclusión que saco –ironiza Winston– de esa lectura, “es que la mujer es como la Tierra: fértil en palabras; el hombre, como la Luna: se esconde en “cuartos” y reaparece en menguante o en creciente cuando ellas esperan luna llena”.
Y si de metáforas planetarias hablamos, diríamos que “los hombres calculan órbitas; las mujeres leen eclipses”. Ellas serían, entonces, la fuerza de gravedad, ellos lo grave de la falta de entendimiento. Y como esto sigue, mañana vemos que “Venus discute para aclarar; Marte discute para ganar”).


