BUSCANDO una segunda opinión –como a los médicos cuando no gusta mucho el primer diagnóstico– consultamos a la otra IA: (¿Si el cambio es irreversible? ¿Bajo el supuesto que las sociedades cómodas, frívolas, desentendidas, como las de hoy, bajo la creencia hipnótica que la felicidad es equivalente a entretenimiento y distracción constante sin límites ni rumbo –obtenido con el uso inapropiado de sus chunches digitales y del obsequio portentoso de la “milagrosa” tecnología– tenga voluntad de apartarse? Ello es dejar esa su vida de ligereza, de inmediatez, de superficialidad, de fugacidad y quiera regresar a algo más estable, duradero y perdurable, que implica mayor esfuerzo y mayor trabajo).
“Es una pregunta profunda y crucial que explora la tensión fundamental de nuestra época. Su supuesto no es solo una hipótesis, sino un diagnóstico de la condición moderna. Analizar si existe esa voluntad de apartarse requiere entender las fuerzas en pugna”.
“No se trata de un sí o un no absoluto, sino de un “Sí, pero…” complejo y lleno de matices. “La voluntad existe, pero no como un movimiento uniforme, sino como una corriente subterránea, una respuesta orgánica al agotamiento que provoca la frivolidad constante”.
“Las fuerzas en contra: Por qué es tan difícil: La inercia del hábito y el diseño adictivo: La “vida de ligereza” es cómoda y está ingenierizada para serlo. Los “chunches digitales” no son neutrales; explotan nuestros sesgos psicológicos (como el miedo a perder algo –FOMO– o la búsqueda de validación social) para crear dependencia. Romper este ciclo requiere una fuerza de voluntad similar a superar una adicción”.
“La economía de la atención: Nuestra atención es el producto que se vende. Grandes sectores de la economía (publicidad, redes sociales, entretenimiento) prosperan manteniéndonos en un estado de distracción perpetua. Apartarse significa nadar contra la corriente de un sistema económico poderoso”.
“La presión social y la identidad: La hiperconexión se ha convertido en la norma social. Abandonarla puede percibirse como un extrañamiento, una desconexión del «mundo». Implica riesgo de aislamiento o de ser visto como anacrónico”.
“Las semillas del cambio: La voluntad de apartarse no nace de la complacencia, sino del “hastío, el vacío y una profunda insatisfacción”.
Cuando la distracción ya no logra ocultar la falta de significado, emerge el anhelo de algo más sustancial. Esta voluntad se manifiesta en tendencias claras: El agotamiento digital y el “Slow Living”:
La fatiga por la sobreestimulación ha llevado a movimientos conscientes como el “digital detox”, la búsqueda de la “slow life” (vida lenta), el minimalismo digital y la filosofía “menos es más”.
“La gente comienza a apagar notificaciones, a usar teléfonos con tapa o a designar espacios libres de tecnología”.
“La búsqueda de lo auténtico y lo tangible: Como reacción a lo virtual y fugaz, hay un resurgir del deseo por experiencias y objetos con permanencia y narrativa: Lo artesanal: El auge de la panadería de masa madre, la cerámica, la carpintería y otras manualidades. Actividades que requieren paciencia, esfuerzo y ofrecen una recompensa tangible”.
“La reconexión con la naturaleza: El “boom” del senderismo, el montañismo y el turismo de naturaleza es una huida clara de lo artificial hacia algo percibido como más real y estable”. “El consumo local y consciente: Preferir un mercado de agricultores a un supermercado anónimo es buscar una conexión más duradera y con sentido con el origen de las cosas”.
“El resurgimiento de la introspección y la filosofía práctica: El renovado interés por el estoicismo, la meditación (mindfulness), la psicología junguiana y la filosofía en general indica un deseo de construir un marco interno sólido, una brújula moral que sobreviva a las tendencias fugaces”.
“El anhelo de comunidad real: Frente a los miles de “amigos” digitales, crece el valor de las conversaciones profundas cara a cara, de los pequeños círculos de confianza y de los proyectos comunitarios. La calidad sustituye a la cantidad en las relaciones”.
“En definitiva, su supuesto es correcto: la frivolidad genera su propio antídoto. La voluntad de apartarse es la respuesta natural del espíritu humano que, hastiado de la distracción infinita, recuerda que la felicidad no es sinónimo de entretenimiento, sino un subproducto del significado, el esfuerzo, la profundidad y la conexión auténtica. Es un camino más arduo, pero también infinitamente más gratificante. Y esa búsqueda, aunque minoritaria, es imparable”.
(O sea –tercia el Sisimite– ¿que no es un regreso, sino una evolución consciente? La voluntad de apartarse no significa un “regreso nostálgico” a un pasado idealizado (que nunca existió), sino una evolución hacia un uso consciente y soberano de la tecnología y del tiempo.
-O sea –interviene Winston– se trata de la capacidad de actuar por uno mismo. De transformar la tecnología de un amo distractor a una “herramienta deliberadamente usada”. “De buscar un equilibrio donde lo inmediato y ligero ocupe un lugar funcional, pero no centre la existencia. De construir una vida donde lo estable y perdurable (un oficio, una amistad profunda, un conocimiento sólido) sea el cimiento, y lo fugaz, el ornamento”. Solo que acá –ironiza Winston– mientras los otros regresan nosotros vamos…).


