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domingo, julio 19, 2026

Los símbolos de la refundación

Por Héctor A. Martínez

El PLR gobernó con puros símbolos ideológicos. Es decir, en lugar de conciliar la sociedad, atraer la inversión para generar empleo, salud y seguridad, el gobierno se dedicó a sobrellevar los cuatro años tratando de posicionar su marca registrada ante la izquierda latinoamericana. He aquí algunos de esos símbolos.

La identidad homogénea. El lanzamiento publicitario se inició cuando la presidenta Xiomara Castro prometió el desmontaje del modelo “neoliberal”, sin saber exactamente a qué se refería ni cómo se haría. El emblema del neoliberalismo, que a su vez es una confusión semántica, representa la lucha contra el “capitalismo salvaje”, como le llaman en las filas del progresismo. Ese pronunciamiento resultó suficiente para dar el “kickoff” oficial.

La consigna internacionalista contra el imperialismo yanki. La negativa a asistir a la Cumbre de las Américas llevada a cabo en Los Ángeles, en 2022, fue una señal clara del gobierno para declararse antinorteamericano. Por otro lado, desconectarse de Taiwán y abrirle los brazos a la China Continental y Rusia fueron puntos acumulados para exigir un lugar preferencial en las filas de la izquierda internacional. Para sellar el discurso anti empresa privada, la medida arruinó a unos cuantos productores de camarón que ya tenían un mercado definido.

La apuesta de los “Doce años de narcodictadura”. En referencia al gobierno de Juan Orlando Hernández, el eslogan fue machacado para crear dos bloques antagónicos e irreconciliables: el “ellos” corruptos y el “nosotros”, los moral y políticamente correctos. Sin embargo. el relato se fue desgastando con el pasar del tiempo, hasta que la gente se cansó de la engañifa.

La bandera discursiva de las 10 familias que frenan el desarrollo. Quizás la figura imaginaria más cercana a la realidad, pero pragmáticamente inefectiva. Vencer al poder económico y financiero de un país es un imposible; una guerra que ni Daniel Ortega y Nicolás Maduro lograron ganar. El intento de frenar las exenciones y privilegios con la llamada “Ley de Justicia Tributaria” sirvió únicamente para ponerle nombre y apellido a esa lucha de cafetín. Puras bravatas.

El posicionamiento internacional. Gritar “¡Viva Palestina libre!”, reconocer el fraude electoral de Maduro, condenar el bloqueo comercial en Cuba, etcétera, despertaron adhesión y entusiasmo en las redes sociales, pero fueron observadas muy de cerca en Washington.

Junto a esta fracasada iconografía gramsciana de hegemonía cultural, desfilaban, al mismo tiempo, la crisis de salud, el desempleo acelerado y la retirada de la inversión extranjera. La construcción de casos de “éxito” gubernamental, que se sostenía con datos irreales, contrastaba con las condiciones miserables de los miles de hondureños que no dudaron ni un segundo en ajustar las cuentas, votando en contra del partido en el poder.

Así las cosas y gracias a la democracia electoral, pues, los símbolos de la demagogia y la amenaza autoritaria fueron finalmente derribados.

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