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sábado, marzo 2, 2024

Los que vienen

Nambe, me dijo sonriendo, mientras le daba un gran trago a la gaseosa y hurgaba su bolsita de churros, aquí cada vez está más rara la cosa, fíjese. Mire que mi vieja trabaja de limpiar en un centro de atención médica, de esos rimbombantes que los gobiernos promocionan, para ayudar al pobre, pues, pero que sólo tienen posters en la pared, porque medicina no hay. La cosa, compa, es que ayer me estaba contando que, a los doctores de allí les dieron su salida, su “que les vaya bien”, así de romplón. Con la pajarita que no hay pisto, aunque yo creo que no son del partido, más bien. Bueno, hasta alli normal ¿vaa?

Aquí, en esta tierra, sabemos que los gobiernos y los que mandan son como las burbujas de este fresco, en cualquier momento revientan y seguridad laboral nada ¿vaa? Entonces, no nos extraña que de repente se ocupe el hijo de fulano o zutanito, que anduvo quemando llantas por allí, o lo “nebulizaron” los amigos de azul, con el humito blanco que nunca les falta, ocupan un puesto aquí o allá y aunque no sepan ni rosca, quitan al que sabe y conoce y ponen al que manden, aunque no sepa ni leer.

En eso estábamos platicando, fíjese, con la doña ayer, eso hasta allí normal, pero lo que sí me asombró es que también me comentó que se habían volado a los doctorcitos para poner otros que vienen de aquella isla donde está de moda la barba y las gorritas verdes, ¡sí, fíjese! Ese fue mi asombro, y para rematar me dijo que los dichosos doctores le cuestan al país como tres veces más el sueldo que los de aquí, allí sí me confundió la papada, dijo, echándose otro traguito al buche.

Si es que no hay pisto, ¿cómo contratan gente de otro lado más cara? Y como que no son cinco, fíjese, sino un montón. Los que mandan, me dijo la vieja, dicen que son lo mejor del mundo, que son súper especiales y que vienen a salvarnos de las enfermedades, pero a mí me consta que los que estaban hechos aquí, por cierto, han sido muy buenos y curan, varias veces les llevé los cipotes, que eran un tizón de calientes, y me los curaron y eso que en todos esos hospitales de Gobierno se trabaja casi con las uñas, si a la doña le dan un trapeador, que no cuesta casi nada cada año, y si se gasta la mecha, a veces la compra ella porque no hay presupuesto, dijo riéndose.

Así está la cosa, fíjese, no entiendo lo que quieren éstos con traer a los galenos de afuera, que no los desmerezco y no dudo de sus estudios, pero aquí hay un chorro de médicos sin empleo, el sobrino de mi vecina, por ejemplo, estudiado el cipote, pero ahora vende en la pulpe de su mama y entre chicle y chicle da consulta cuando le preguntan. Le apuesto que si le dan chamba se va a atender, aunque sea al pueblo más alejado, porque ocupa el pisto y le gusta la cosa, aunque sepa que le van a pagar cada seis meses y le quiten la cuota del partido, porque así es esto.

Éstos deberían pensar antes de traer foráneos, ver cómo se ayuda a los de adentro y, así, al pueblo que usaron con promesas y no solo andar en Prados blindadas y en fiestas de barbones vestidos de vaqueros cuadriculados echándose los buenos puros y los licores finos.

Pues, vieja, le dije ayer serio, si éstos están pagando algo que deben o es contrato lo que buscan trayendo estas gentes, hay que abrir bien los ojos, no vaya a ser que agarren jueguito mandando a pedir no solo médicos, y capaz que de repente aparece otra “misión”, como le dijo ella, de aseadoras revolucionarias y con eso que no hay pisto, te den el sobre y te toque solo trapear la sala de la casa ¿vaa?

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