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martes, febrero 27, 2024

Los dogmas que nos gobiernan

En la actualidad, nos encontramos con una serie de personajes que utilizan el pensamiento dogmático para fundamentar planteamiento o pensamiento, es decir que sus pensamientos y razonamientos parten de una “verdad incontrovertible”, que no admite discusión y que debe aceptarse, y punto. El origen de esta efectiva forma de control nos lleva hasta Tales de Mileto en el siglo V, antes de la era cristiana.

Vamos a ver: un dogma es una verdad incuestionable; un dogma de fe es una verdad sustentada en una creencia en “algo divino”; un dogma social es una creencia sin apoyo en la realidad presente de la sociedad. Sobre todas ellas existe una postura, personal o colectiva, fundamentada en la fe o en las creencias sin base.

El dogmatismo es un modo de pensamiento poderoso, inflexible y efectivo, que no acepta críticas, con el que no se tiene que convencer a nadie del origen o fundamento de un tema en cuestión, y que lleva mucho tiempo instaurado en la sociedad; y si es respaldado por una autoridad que simpatice con él, es más fácil imponerlo. Es una forma simple y efectiva de condicionar el pensamiento político y el religioso.

Las religiones siempre se han servido de este tipo de pensamiento. Como ejemplo, dentro de la doctrina católica, tenemos la premisa “si Dios es Padre, Hijo y Espíritu Santo, Dios está contenido en los tres, y los tres son uno, entonces es una Santa Trinidad”.  Esto es así y así debe aceptarse (aunque no se entienda). Ese es el dogma central. Si usted piensa lo contrario está dejando de ser un buen cristiano y se convierte en hereje.

Por mencionarles ejemplos de otras religiones, tenemos: una persona que sufrió un accidente necesitaba una transfusión, pero ella no estaba dispuesta a aceptarla ya que su religión se lo impedía. Como consecuencia, murió a causa de una hemorragia.

Otro caso es el de un individuo que no podía comer ciertas carnes porque estaba prohibido, caso contrario contravenía una orden divina, y eso trae consecuencias con “el de arriba”.

Está claro que, en ambos casos, el pensamiento dogmático las condicionó: se debe obedecer la orden.

“El Papa, El Pastor, El Presidente Ungido, El Rabino, todos promulgan doctrinas cuyo contenido (dogmas), representan la verdad absoluta. En las diferentes religiones que se enseña sobre cuestiones de moralidad y fe, se hace con la creencia de que “sus líderes o representantes no se equivocan”. Es una forma muy antigua de generar adeptos y controlar masas.

Ustedes no crean que esto se limita a las religiones, en todos los aspectos de la vida razonar dogmáticamente es muy útil, pero siempre será un razonamiento limitado.

Tanto en política como en Derecho todo es discutible, y más aún cuando se recurre a argumentos fundados en creencias, falacias o mitos sacados de la manga de la camisa. Los políticos que ostentan posiciones de poder también saben utilizar el dogmatismo de su ideología a favor de sus intereses. No admiten la más mínima crítica a sus propuestas y estrategias, revistiéndose, también, de una especie de infalibilidad incuestionable.

El filósofo español José Ortega y Gasset, con relación a los políticos de izquierda o derecha, manifestaba: “Ser de la izquierda es como ser de la derecha; una de las infinitas maneras que el hombre puede elegir para ser un imbécil. Ambas, en efecto, son formas de la hemiplejía moral”. Esta parálisis de pensamiento de la que habla Ortega tiene relación con los “pensamientos dogmáticos de las ideologías”, que impiden pensar objetivamente, ni con apego a la realidad de los hechos, mucho menos en beneficio del soberano.

Personajes de derecha como Bolsonaro, Trump, Aznar, Pinochet, Theresa May (todos ellos seguidores de los Chicago Boys, e hijos de Milton Friedman), en sus discursos siempre repitieron la misma cantaleta: la necesidad de privatizar del Estado (o mejor dicho de lo público) porque es ineficaz. Sostenían que el Estado era incapaz de prestar servicios públicos, por lo que promovieron la privatización de los rubros de la educación, la salud y la infraestructura para mejorarlos.  Siempre con la idea de mejorar…

El economista Fernando Luengo señala que, para el sector conservador neoliberal, “el Estado es intrínsecamente ineficiente y despilfarrador, mientras que el sector privado se comporta de manera eficiente y racional”. Con esta premisa se justifica el desvío de dinero público al ámbito privado, a fin de garantizar el crecimiento económico; algo bastante cuestionable.

La izquierda también tiene sus dogmas: el Estado es el dueño de los medios de producción; el Estado busca el bienestar colectivo por encima del individual y se debe buscar de igual manera la distribución equitativa de la riqueza; el proletariado asume el papel del Estado. El Estado se vuelve el obeso de tamaño descomunal que asume roles innecesarios, mientras la gente espera mejores condiciones de vida.

Los dogmas se repiten como mantras, una y mil veces, sin verse afectados por la oposición intelectual del colectivo.  De los dogmas se benefician tanto la derecha como la izquierda, por lo que hay que salir de ese sistema doctrinario, observar la realidad con objetividad y coherencia, para pensar y plantearse resolver los problemas que aquejan a esta sociedad decadente. Si el Estado es inepto habrá que hacerlo competente. El crecimiento económico debe ser de todos y no sólo de unos pocos. Si el Estado despilfarra es porque hay corrupción, dogmatismo, fanatismo, etc.

Por José R Reyes, abogado.

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