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domingo, julio 19, 2026

Lo que aprendí leyendo la Biblia

Por Otto Martín Wolf

Todos aquellos que consideren se pueden sentir afectados cuando su principal fe y doctrina se vea expuesta a algunas preguntas de difícil respuesta, pueden conservar su tranquilidad espiritual dejando de leer en este preciso instante.

Ya aquí, considero que quienes persisten en leer son masoquistas, o realmente están interesados en ahondar un poco en el tema y sacar algo positivo y productivo para su vida personal. Mis dudas sobre la existencia de dios, que en poco tiempo se convirtió en dudas sobre la religión que aprendí en el colegio católico donde hice mi primaria y, luego, sobre todas las religiones, se vieron aumentadas cuando, en busca de respuestas y de una verdad, me dí a la tarea de leer La Biblia -y luego algunos otros textos sagrados de otras religiones, aunque sin mucha profundidad, lo confieso.

Dejemos a los demás con sus creencias y veamos un poco más a fondo algunas cosas que jamás puede aceptar como ciertas y que, me convencieron de que la mejor manera de convertirse en ateo es leyendo ese libro, tan apreciado por muchos y tan discutido por otros. Incongruencias inaceptables como la edad del mundo respecto a La Biblia y la edad comprobada por los mecanismos científicos de más precisipon y más exactos podrían convencer a cualquiera de que lo que leen es una novela escrita por muchas generaciones de gente ignorante.

Por ejemplo: Sabemos que existió una especie animal llamada dinosaurios que existió y gobernó el planeta hasta que fueron eliminados como consecuencia de una catástrofe global provocada por un asteroide.

Existen fósiles, casi totalmente completos, que demuestran que en efecto los dinosaurios existieron hasta hace unos 65 millones de años.

Pero, como contraparte, La Biblia -que calcula la edad de nuestra especie desde el momento de la creación hasta el presente- sostiene que todo tiene aproximadamente unos 6 mil años desde Adán y Eva.

¿Seis mil años contra 65 millones? Las mismas pirámides de Egipto tienen muchos miles de años, nadie sabe con exactitud cuándo ni quién las hizo, pero que son más antiguas que la edad de La Biblia, de eso no hay duda.

Bien, ¿cómo entonces alguien puede tener en su mente dos edades para el planeta y la vida? 1) La de los registros científicos, ¿perfectamente documentada y 2) La de la narración fantástica de La Biblia?

¿Cómo se pueden aceptar dos fechas tan distantes una de la otra para lo mismo?

¿De paso, ¿La Biblia no reconoce por ninguna parte la existencia de los dinosaurios, piense en eso?

Quien lee La Biblia, con todo respeto a quienes creen en ella, está dispuesto a aceptar esa realidad “mágica” y vivir con ella, yo -definitivamente- no puedo.

Genocidios terribles como El Diluvio, provocado por dios para eliminar al ser humano -su creación- ya que le salió muy malo.

¿Y, cómo puede alguien aceptar que un dios bueno y todopoderoso emplee su criterio y poder para eliminar a su propia creación?

Lo peor del caso es que, después de matar a quién sabe cuánta gente -mujeres, niños, ancianos, inocentes y culpables- los sobrevivientes y sus descendientes siguieron siendo igual de malos.

Dios los hizo malos, para componer el daño los mató a casi todos y el resultado que obtuvo fue el mismo, malos y malísimos hasta la fecha y que, al perecer, sin importar lo que predican todas las religiones, seguirá siendo igual hasta la consumación de los tiempos.

Bien, recuerden que les advertí, última oportunidad para dejar de leer.

¿Decidieron seguir? ¡Allá voy!

¿Dios es inmortal, correcto?

¿No tuvo principio ni tendrá fin, de acuerdo?

No puede morir, nunca, a menos que él lo desee (lo que sería un suicidio o, mejor dicho, un magnisuicidio).

¿Jesucristo es Dios?

Es una de las Tres Divinas personas según creen muchos.

Entonces, si Jesucristo es Dios, no puede morir, nunca pudo.

¿Cómo fue que murió en la cruz y resucitó a los tres días?

¿Los hombres, hechos por Él, creados por Él lo mataron?

¡Pero si es inmortal! ¡Inmortal en todas sus formas, espíritu y carne!

No puede elegir morir de una manera y -a la vez- continuar vivo de otra, eso iría contra toda la esencia de la inmortalidad de Dios lo que, definitivamente, demostraría que en realidad no existe, no al menos en la forma en que La Biblia lo presenta.

¿Se sienten ofendidos algunos por esta forma de pensar?

No sería lo más correcto sentirse ofendidos por quienes le han hecho creer cosas fantásticas, muchas veces con el propósito de ganar poder, dinero y, hay que reconocerlo, en algunos casos por amor al prójimo.

Pero lo que es incongruente lo sigue siendo a pesar de las intenciones.

Leer La Biblia terminó de convencerme que la más grande historia jamás contada es, realmente, no otra cosa que una leyenda.

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