LOS conceptos del filósofo Zygmunt Bauman sobre la modernidad líquida: “La fluidez, volatilidad y precariedad, desplazaron las estructuras sólidas. Una sociedad donde las instituciones, las relaciones y lazos humanos son frágiles y cambiantes, traducido a un individualismo extremo, una cultura de consumismo, incertidumbre y desasosiego”.
“La modernidad líquida se caracteriza por la desintegración de estructuras sólidas (trabajo estable, instituciones, relaciones duraderas), reemplazadas por dinámicas volátiles donde ‘todo lo sólido se desvanece’”.
“El individuo queda liberado de redes comunitarias, pero enfrenta la obligación de autogestionar su vida en un contexto de incertidumbre, donde la identidad es un proyecto mutable y desarraigado”.
“La tecnología comprime el espacio (conexiones globales instantáneas), pero acelera el tiempo, reduciendo la capacidad de planificación a largo plazo y generando una cultura del consumo inmediato”.
Relaciones desechables: Los vínculos humanos se vuelven transaccionales y frágiles, como en el “amor líquido”, donde predomina el miedo al compromiso y la facilidad para desconectar (interacciones digitales).
Estado zombi: Las instituciones públicas pierden su rol de garantes de seguridad, convirtiéndose en mediadores entre poderes ocultos (corporaciones, mercados) e individuos. De hace 2 décadas, cuando el sociólogo, filósofo y ensayista polaco-británico de origen judío introdujo el concepto, el deterioro en la sociedad ha sido acelerado en los últimos años:
“Tecnología y redes sociales que aceleran la liquidez y profundizan la fragmentación de atención. La cultura del “scroll” y la validación instantánea (“me gusta”), erosionando el diálogo profundo y favoreciendo la posverdad”. Las plataformas tecnológicas te espían.
“Los algoritmos comercializan datos personales, sustituyendo la coerción estatal por manipulación conductual”.
“Crisis laboral. El trabajo inestable. Los empleos ultra breves sin seguridad social. Crecen los grupos “superfluos” –desechos humanos– (desempleados crónicos, migrantes), excluidos de un sistema que privilegia la flexibilidad sobre el bienestar colectivo”.
Fracturas políticas y auge del autoritarismo. “Una nueva geografía del mal: La desconfianza en instituciones alimenta discursos neopopulistas y xenófobos, explotando miedos ante la incertidumbre. Poder anónimo:
El poder se desplaza a entes globales no electos (corporaciones, mercados financieros), vaciando la democracia representativa”. Las relaciones y los lazos humanas y la salud mental: “Aislamiento hiperconectado, cuando la conexión digital sustituye la cercanía física, generando “soledad paradójica” (ejemplo: se evita la conversación personal con un auge de las interacciones sin rostro en redes)”. Ansiedad existencial: La obligación de ser “libres” sin redes de apoyo incrementa trastornos como depresión y “burnout”. Sufre la educación.
La lectura profunda, basada en libros, que fomenta la concentración, es desplazada por las pantallas digitales. “Las universidades compiten con gigantes tecnológicos que ofertan cursos rápidos, reduciendo el saber a “mercancías desechables”.
Títulos “líquidos”: Las credenciales académicas pierden valor ante un mercado laboral volátil que prioriza “habilidades blandas” sobre conocimientos especializados. Los profesores pierden autoridad ante el acceso ilimitado a información online.
La docencia se devalúa frente a la investigación rentable. La pedagogía fragmentada: La cultura del “clip” y los “nanocontenidos” (TikTok) reducen la capacidad de concentración, dificultando el pensamiento crítico.
“Las universidades oscilan entre enfoques tradicionales (conductismo) y demandas de “flexibilidad líquida”, como interdisciplinariedad y aprendizaje continuo”. “La educación online democratiza el acceso, pero excluye a poblaciones sin recursos, agravando desigualdades. Las líneas de investigación son dictadas por empresas (farmacéuticas, tecnológicas), no por agendas científicas éticas o sociales”.
“Velocidad versus profundidad: Se priorizan estudios con “aplicación inmediata”, marginando la reflexión teórica o humanística”. (Estamos –tercia el Sisimite–ya no en la sociedad líquida, sino que hemos mutado a un estado caótico gaseoso. (Eso es tema de conversación para otro día).
-Mirá –interrumpe Winston– ayer la IA señalaba que un factor de la pérdida de cohesión en los hogares, y descuido en la formación de los menores, fue cuando las mujeres tuvieron acceso al mercado laboral. Y si bien algo hay de eso, quiero refutar la percepción generalizada, ya que muchísimas madres, son padre y madre.
Otras, pese a que tienen trabajo a tiempo completo, no descuidan a sus hijos. Por alguna razón la naturaleza de la mujer es distinta a la de los hombres que puede hacer varias cosas a la vez, al mismo tiempo.
Se levantan temprano, hacen el desayuno, alistan a sus hijos pequeños para que vayan a la escuela, los montan al bus, están pendientes de ellos todo el día, y no se pierden estar presentes en ninguna de las actividades escolares o deportivas.
Cuando salen del trabajo, regresan a atenderlos, a hacer con ellos las tareas y hasta leerles libros para acostarlos. Van con ellos a las misas o a los cultos. Sí, habrá algunas madres boca abiertas y desentendidas, pero muchísimas siguen siendo las guías de la educación de sus hijos y de la conducta en el hogar. Aparte que la mayoría de ellas desempeña mejor el trabajo, con mayor capacidad y entrega que muchos hombres).


