Por: Otto Martín Wolf

¿Cuáles son esas tres cosas que considero más importantes? Una respuesta rápida en su orden: Salud, tiempo y paz. A los 56 años, en su lecho de muerte, el multimillonario impulsor de Apple y visionario de la tecnología, Steve Jobs, declaró que en esos momentos de nada le servía toda su fama y fortuna y tenía razón; nada de eso le ayudó a vencer el cáncer que terminó con su vida. Es fácil deducir que Jobs, de haber podido, hubiera dado toda su fortuna por veinte, diez y hasta cinco años más. Creo que nadie puede discutir que lo más valioso e importante en el mundo es la salud, sin ella nadie es nada. Le sigue el tiempo. Ese elemento -desperdiciado por muchos y tirado a la basura por otros- es lo único que no podemos comprar, reproducir, aumentar o disminuir en su implacable paso, minuto a minuto, segundo a segundo.
No podemos ralentizar el tiempo, para utilizar una palabra muy de moda, cuyo significado quizá no conocen todos y que equivale a disminuir la velocidad en que transcurren las cosas. Lo triste de este caso es que hay quienes adquieren “pasatiempos” para gastar algo que jamás podrán recuperar y que, quizá al final de la vida, anhelen un poco más. No se fabrica, no lo venden en ninguna parte y no se puede reproducir. Lo peor del caso, lo terrible del caso, es que no sabemos de cuánto disponemos de aquí en adelante, cuánto nos queda en la reserva de vida. Una experiencia personal: Muy joven tuve la desgracia de perder tres buenos amigos en un período muy corto de tiempo. A estas alturas quizá nadie los recuerde (Nando Simón, Beto Bendaña y Rubén Carías) yo jamás he dejado de tenerlos presente ya que su corta vida -vale decir su temprana muerte- tuvo una gran influencia en mi persona.
Siempre creí que correría la misma suerte que ellos y, por lo tanto, debería vivir a toda velocidad, hacer todo lo más rápido posible porque “moriría pronto”. Eso definió mis estudios (que abandoné porque de qué me iban a servir si pronto terminaría todo?). Aclaro que -para no quedarme bruto totalmente- por muy extraño que parezca dada mi línea de pensamiento, sí dediqué mucho tiempo a la lectura, devorando todo lo que caía en mis manos y es importante decirlo: la lectura es el tiempo mejor aprovechado de mi vida. Por cierto, debido a la falta de dinero, una amable señora de una librería que ya no existe (Panamericana, Percy Soto) me permitía alquilar cualquier libro usado pagando únicamente un Lempira por libro, mi eterno agradecimiento. Viví a gran velocidad hasta que me dí cuenta que había sobrepasado el tiempo del que creí disponer y que la vida seguiría, no importando lo que yo hubiese pensado. Fue entonces que empecé a mirar hacia adelante con mayor interés. Desde entonces vivo tranquilamente, sin mucha prisa, pero consciente completamente del valor de cada segundo. Y, finalmente, la tercera cosa más importante: la paz.
Paz con uno mismo, disminución del estrés que a veces nos provocamos (como heridas auto infringidas) con cosas que no tienen importancia pero que, en determinados momentos adquieren dimensiones extraordinarias. He logrado controlar casi todas las áreas que me causan estrés, excepto la puntualidad mía. Soy enfermo de la puntualidad, una cita, un compromiso, un vuelo que tomar, cosas grandes y pequeñas relacionadas con la puntualidad toman control de mis emociones sin nunca haber podido evitarlo.
Aparte de psicosis por ansiedad, término médico, para otras personas un perro ladrando en el vecindario, conductores manejando como animales aún sin ser amenaza personal (las malditas motos), un corte de energía (programado o no) y tantas otras nimiedades que hacen perder la tranquilidad. Paz en nuestro contacto con los demás, especialmente aquellas personas con quienes convivimos o tenemos relaciones cercanas, permanentes. He aprendido que, así como es difícil cambiar nuestra esencia, es casi imposible modificar la de otra gente, sin embargo, perdemos la paz cuando intentamos hacerlo. Ciertos hábitos y pequeñeces, como si la cama quedó perfectamente tendida, o con alguna arruga, pueden provocar una discusión que va aumentando y dirigiéndose luego a otras cosas acumuladas hasta estallar en un pleito de verdad y terminar con la paz.
El corte de cabello y peinado de nuestros hijos con el que no estamos totalmente de acuerdo, olvidando que tiempo atrás nosotros éramos los del peinado de la nueva ola. ¿Tiene tanta importancia algo tan pequeño como para perder la paz? ¿Convertir algo así en un motivo de conflicto y distanciamiento? El extremo: Un pariente cercano destruyó un disco de Elvis Presley cuando estaba en su apogeo, nunca pudo entender el cambio en los gustos de la nueva generación, sus hijos. Salud, tiempo y paz: Los elementos básicos de la vida.



