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miércoles, junio 3, 2026

¿Hartazgo?

A Chile hay que verlo de cerca. Tan solo porque, durante mucho tiempo, se pavoneó en el entorno regional como el hermano primermundista, pariente de los europeos, distinto del bulto de aletargados del tercer mundo y hasta del cuarto. Sin embargo, cuando estallaron las calles por un moderado incremento a la tarifa del tranvía, se percataron que era una sociedad igual que otras de la vecindad, luciendo desequilibrios sociales y sufriendo de injusticias. Al mandatario de turno –como a todo político convencional– arrinconado por las protestas, se le ocurrió dar una solución política a la crisis. Ah, les dijo, “¿qué les parece una nueva Constitución que sustituya la que dejó Pinochet?”. Y aún cuando aquella satanización de la Constitución vigente era una quimera, ya que esta y sus reformas eran el fruto del plebiscito del NO que perdió el dictador dando paso a la democracia, corrieron quejosos y conformes a aceptar la propuesta. Así que, como algo novedoso e ingenioso, en medio de la algarabía de la comunidad internacional que miraba aquel espectáculo con fascinación convocaron una convención constituyente –cosa rara en un estado constitucional operando, si las constituyentes son para refundar la república cuando se ha roto el Estado de Derecho– e iniciaron el proceso para elegir representantes a la asamblea.

La fregada, es que ponerse a idear nuevas constituciones no es solución a ninguna crisis en medio de una sociedad polarizada, ya que las abismales diferencias que existen, y los intereses antagónicos que se disputan, acaban siendo no solo el foco del debate, sino que fatalidad lapidaria cuando no hay una clara, contundente y masiva voluntad popular que respalde lo que el bulto de intereses encontrados está redactando. Precisamente eso fue lo que ocurrió. Los grupos de inclinación a la ñurda, que controlaron la convención constituyente, metieron su lista de San Nicolás en el proyecto de nueva Constitución. ¿Y qué creen que sucedió? Pues que resultó cachinflín: rechazada en un referéndum popular. El mandatario necio, que llegó gracias a que pudo treparse al carrusel del alboroto en las calles – dizque por reclamos de justicia social– en vez de proponer reformas a la Constitución vigente, se empecinó en convocar otra convención constituyente. ¿Adivinen qué pasó? Que las derechas ganaron el control de la nueva asamblea. Otra quimérica lista de deseos ilusorios, esta vez con inclinación a la diestra, no a la siniestra. Al llevarla a consulta popular, igual, fue rechazada en otro referéndum. Así que la secuencia, convención constituyente fallida, segunda propuesta igualmente rechazada, giro hacia la derecha en elecciones, es uno de los fenómenos políticos más relevantes en Chile en época reciente. Su influencia en el ánimo social y en el voto reciente tuvo efectos emocionales, políticos, sociológicos y estratégicos. En el 2020 un 80% de los chilenos –una esperanza transversal, desde la izquierda hasta la centroderecha– votó por un “nuevo pacto social”. Pero lo ocurrido desgastó la esperanza. El 62% de los chilenos rechazaron el primer proyecto.

En la segunda tanta el texto fue elaborado bajo predominio conservador, pero tampoco logró convencer: El efecto psicológico fue el mismo: “Llevamos años discutiendo Constitución, y seguimos igual; basta”. El cansancio acabó traduciéndose en desafección hacia quienes impulsaban la agenda constituyente, con mayor culpa el oficialismo. (O sea –tercia el Sisimite– aquello fue un desgaste para el oficialismo que dejó al mandatario “con menor capital político, menor capacidad de ordenar la agenda, y menor credibilidad para proponer reformas estructurales”. ¿Y hacia dónde agarró la gente? -A donde va Vicente –ironiza Winston– hacia la alternancia simbólica. “Votar por la oposición como señal de castigo y de reequilibrio”. Hay otros factores. Pero las derechas capitalizaron la demanda de orden, el rechazo al “ensayo político” de la izquierda y en la idea de “necesitamos un rumbo distinto”. Así que ya camino al balotaje, los chilenos –en un movimiento del péndulo hacia el centro– están en lo que podría denominarse, el momento del hartazgo).

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