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lunes, julio 20, 2026

¿Las lanadas?

“ESTE editorial –mensaje del exmagistrado amigo– hay que leerlo ¡despacio y con lupa! Cada punto, cada coma, empezando por averiguar el significado de la palabra “paralaje”, que tiene que ver con los astros; pasando por Nicolás Maquiavelo, hasta llegar a los personajes criollos. De ahí el amurallamiento de quien no duerme pensando en atornillarse al poder a pesar del rechazo del pueblo”.

El amigo empresario fundador del colectivo: “Conocía el término de “paralaje” de mis días de fotógrafo, diferentes ángulos diferentes ópticas. También es un término para medir distancias en las observaciones de astrología, pero la forma tan magistral en que aplica este término a la política y en especial a la política hondureña es brillante.

Al final nada cambia, solo lo vemos de diferente ángulo, todos los cambios que buscamos en cada elección resultan en lo mismo con diferentes protagonistas”. “Tancredi Falconeri, decide casarse con Angélica Sedara, la bella hija de don Calogero Sedara, un burgués enriquecido que representa la nueva clase en ascenso.

Esta unión simboliza la alianza entre la vieja nobleza y la nueva burguesía para perpetuarse en el poder. La frase central de la novela, pronunciada por Tancredi, es: «Si queremos que todo siga como está, es necesario que todo cambie».

“Esta paradoja define el concepto de «gatopardismo» (o «lampedusiano»), un término acuñado a partir de la novela que describe la estrategia de realizar cambios superficiales o permitir la entrada de nuevos actores en el sistema, con el único fin de preservar las estructuras esenciales de poder y evitar una transformación real”.

Es la disposición de «cambiar algo para que todo siga igual». La conexión entre el concepto de paralaje (esa brecha entre perspectivas irreconciliables) y El Gatopardo es enriquecedora. La novela no solo narra un cambio histórico, sino que lo expone desde ángulos radicalmente distintos, creando un efecto de «paralaje literario» que define su complejidad: “Si queremos que todo siga como está, es preciso que todo cambie”, la postura oportunista y adaptable de quien cree en la necesidad de cambiar de bando (unirse a Garibaldi) y de clase (casarse con la burguesía) para conservar la esencia del poder y el estatus”.

(El paralaje creado: Su lógica genera la ilusión del cambio progresivo, que es en realidad una estrategia de conservación. Esta visión es la que popularizó el término «gatopardismo»). Perspectiva del príncipe Fabrizio (La Inmutabilidad del Fondo): “Pertenezco a una generación infeliz, a caballo entre los viejos tiempos y los nuevos». La postura del escéptico y estoico que comprende que el cambio es solo superficial. “Para él, las transformaciones políticas son una farsa que oculta una verdad inmutable: el poder, la corrupción y la esencia de Sicilia no cambian”.

(Paralaje creado: Su mirada desvela la eterna repetición cíclica bajo la apariencia de novedad. Él representa la melancolía de quien ve el paralaje pero no puede (o no quiere) cerrar la brecha). Lampedusa (La visión trascendente): Frase central: «Y después será distinto, pero peor». La postura es metafísica e histórica. Trasciende el dilema inmediato para mostrar un ciclo decadente más amplio.

“El fin de los «gatopardos» (la nobleza) dará paso a «chacalitos y hienas» (la nueva burguesía), pero la vanidad humana –«creyéndonos la sal de la tierra»– permanece”. (Paralaje creado: Expone la brecha entre la ilusión del progreso histórico y la realidad de una decadencia eterna. El giro final del perro Bendicò, reducido a «polvo lívido», simboliza esta disolución de todas las formas y apariencias).

(Pues, –tercia el Sisimite– visto desde el ángulo del simbolismo histórico: Nuestra ilusión de progreso y cambio (las revoluciones, la tecnología, las novedades). -Pero, además –ilustra Winston– la realidad de patrones humanos inmutables (el poder, la vanidad, la decadencia, la muerte).

-“El príncipe Fabrizio –vuelve el Sisimite– al final de sus días, personifica esta brecha: la muerte, que antes era «cosa de los demás», se hace real para él”. -La novela –suspira Winston– “captura ese instante de lucidez en que se percibe el paralaje entre la vida vivida y la finitud inevitable”.

El Gatopardo es una obra maestra del paralaje literario porque estructura su significado en la brecha irresoluble entre estas perspectivas. “No ofrece una verdad única, sino que hace al lector habitar la tensión entre ellas, revelando que la complejidad de la historia y la condición humana reside precisamente en ese desplazamiento de ángulo”.

Suficientes divagaciones, volviendo a lo que estábamos, lo malo no son las leyes –(no les digo que lo primero que agendaron en esas pláticas políticas fue ir a manosear las leyes)– son las lanadas. Para que las cosas funcionen lo que debe cambiar el país son los pseudo liderazgos de esa fatídica clase política).

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