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jueves, septiembre 24, 2026

¿La reforma liberal?

LA tierra, oscura y húmeda, latía como en secreto. Asomaba un hilo de musgo verde sobre la piedra gris; luego, un cogollo que rompía la corteza carbonizada de un tronco antiguo. La lluvia llegó fina, casi una caricia, y devolvió el olor de la vida mojada. A ver –Winston mirando inquieto al Sisimite– ¿y vos que sabés de la Reforma Liberal? -Más de lo que saben muchos de esos arrimados, que nunca han sido, y ahora dizque son liberales. “Para comprender a Marco Aurelio Soto y a Ramón Rosa hay que entender que la Reforma Liberal de 1876 fue, en buena medida, la adaptación hondureña de un proceso centroamericano que, en Guatemala, ellos ya habían vivido desde dentro”. Primero Miguel García Granados y después Justo Rufino Barrios, buscaban desmontar el orden conservador heredado: reducir el poder económico y político de la Iglesia, secularizar el Estado, modernizar la legislación, impulsar la educación pública, fomentar cultivos de exportación –sobre todo café–, atraer capital extranjero y construir un Estado central más fuerte”.

Soto en Guatemala, llegó a desempeñar carteras como Gobernación, Justicia, Instrucción Pública y Relaciones Exteriores y Rosa trabajó en Hacienda, Educación y Relaciones Exteriores. Rosa despuntó como ideólogo de la Reforma Liberal guatemalteca entre 1871 y 1876. Cuando regresaron a Honduras ya habían experimentado cómo se podía utilizar el aparato estatal para transformar instituciones, educación, propiedad, relaciones Iglesia-Estado y economía”. “Honduras atravesaba por una caótica inestabilidad política. Barrios quería gobiernos liberales vecinos que fueran compatibles con su proyecto regional y respaldó directamente la llegada de Soto al poder. Aumentó la presión sobre el gobierno de José María Medina hasta que este aceptó entregar la jefatura del gobierno. Soto inauguró su gobierno provisional en Amapala el 27 de agosto de 1876 y posteriormente fue investido constitucionalmente”. La ola liberal centroamericana, con el guatemalteco Barrios y el salvadoreño Rafael Zaldívar fueron el entorno regional favorable. “Marco Aurelio Soto fue fundamentalmente el hombre del Poder Ejecutivo, de la realización política y la transformación material del Estado. Bajo su presidencia se impulsaron la secularización, la reorganización administrativa, nuevas instituciones, obras públicas, la modernización económica y la incorporación al mercado capitalista internacional”. “Ramón Rosa fue, sobre todo, el cerebro doctrinario e intelectual de aquella transformación. Fue secretario general del Gobierno y responsable central de la concepción jurídica, educativa y filosófica de la Reforma”. “Rosa estaba profundamente influido por el liberalismo y el positivismo: creía que la educación, la ciencia, la legislación racional y unas instituciones modernas podían sustituir el viejo orden colonial”.

 

“Soto tenía el poder para hacer la Reforma; Rosa proporcionaba buena parte de las ideas sobre qué había que reformar y hacia dónde debía dirigirse el nuevo Estado”. -¿Y la ruptura con Barrios? –El origen fue “el empeño de Barrios de reconstruir la unión centroamericana bajo su conducción, incluso mediante la fuerza”. “Soto terminó rechazando ese proyecto por considerarlo lesivo a la soberanía de los Estados centroamericanos”. “Barrios ejercía una influencia enorme sobre la política regional. Cuando Soto comenzó a resistirse a sus planes unionistas, esa relación se convirtió en amenaza. Las relaciones entre Guatemala y Honduras llegaron a tal grado de tirantez que Soto temía que Honduras se transformara en escenario de una guerra. En mayo de 1883, pidió permiso para ausentarse del país, dejó el Ejecutivo en manos de un Consejo de Ministros y se marchó a Estados Unidos”. –¿Y qué fin tuvo Rosa?– Pues no se pasó al bando del guatemalteco. Permaneció identificado políticamente con Soto. Cuando este emigró, Rosa también abandonó Honduras poco después. Winston –reflexionando sobre esas hipócritas actitudes oportunistas de los que ayer estaban allí, mañana se aliaron allá y ahora interesadamente se cuelan acá– suspiró hondo, admirado de las lealtades de aquel bosque. “De cómo los árboles se comunican y comparten nutrientes a través de hongos subterráneos. O si un árbol enferma o le falta luz, los demás le envían azúcares y agua para mantenerlo con vida”.

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