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sábado, julio 18, 2026

¿La prensa convencional?

LA tarde descendía escondida sobre los pinares. Una neblina vaporosa se deslizaba entre los troncos altos como si el bosque respirara cercanos recuerdos. Winston caminaba sobre un sendero cubierto de agujas secas mientras el Sisimite avanzaba, sus pasos pesados, a su lado, con la mirada perdida en las montañas lejanas que parecían soñolientas siluetas bajo el cielo gris. El viento traía olor a resina amaderada untada de una cálida fragancia terrosa. -A propósito del Día del Periodista. ¿Sabés qué es lo que mucha gente todavía no termina de entender? –abrió la conversación el Sisimite–. Que la prensa convencional no solo informa. También sostiene. También contiene. También protege. Winston levantó las orejitas. -Explicate. El Sisimite apoyó la mano sobre la corteza rugosa y surcada de un pino. -La democracia misma. -En los momentos normales –continuó– la gente cree que un periódico es únicamente papel, tinta, titulares y anuncios. Pero cuando una nación entra en turbulencia, cuando el ruido amenaza con destruir la confianza pública, cuando el odio digital comienza a incendiarlo todo, entonces aparece el verdadero valor histórico de la prensa seria.

Como ejemplo, –continuó– lo más reciente, en el proceso conflictivo pasado, las redes sociales se convirtieron en un torbellino de sospechas, rumores, campañas de miedo y desinformación. Los que apostaban al fracaso electoral buscaban sembrar desesperanza para quebrar la confianza en las instituciones, desacreditar el proceso y empujar al país hacia el abismo. Winston. -Y hubo momentos de mucha tensión cuando parecía que todo podía derrumbarse… -Y pudo haberse derrumbado – respondió el Sisimite–. Porque las democracias no mueren solamente por los golpes visibles. A veces mueren lentamente cuando la ciudadanía pierde la fe colectiva en las reglas, en el sistema y en la posibilidad misma de la alternancia pacífica. El viento sopló con fuerza entre los pinares produciendo un rumor semejante al de un mar oscuro. Winston movió su cola: -Pero allí estuvo la prensa convencional. Allí estuvieron los periódicos históricos, –al frente LA TRIBUNA– las voces editoriales orientadoras y pedagógicas, los espacios que toda vía conservaban serenidad en medio del estruendo. Mientras las aves de mal agüero agitaban el odio interesado para ganar clics o alimentar fanatismos, los medios tradicionales mantuvieron encendida la defensa de la institucionalidad democrática. -Un contrapeso –asintió el Sisimite– frente a la desconfianza sistematizada. Frente al ruido destructor. Frente a quienes pretendían desencadenar el caos como trampa. Mientras, la prensa convencional hacía algo decisivo; sostener psicológicamente la confianza pública. Animó que las instituciones debían respetarse. Defendió la alternancia. Reafirmó la valía del voto masivo. Y pudo transmitirle a la sociedad que todavía existía una salida democrática y pacífica.

Winston movió su colita. -Y la gente respondió… Porque la esperanza también se contagia. La serenidad también influye. Y cuando una ciudadanía siente que aún existe un marco institucional capaz de sostener la convivencia, sale a votar en paz desafiando los pronósticos agoreros. -Las elecciones concurridas no ocurrieron por casualidad. Fue la resistencia de las mujeres consejeras y de la magistrada ausente, QDDG, que salvaron el país. Y también fue el resultado de esa influencia, a veces imperceptible, que ejercen los medios serios sobre la conciencia colectiva. La gente acudió masivamente porque encontró espacios que transmitían confianza, racionalidad y sentido de país. Cuando peligró la alternancia, cuando el ambiente se llenaba de hostilidad y sospechas, el peso de medios convencionales fuertes evitó que el derrumbe del sistema se volviera irreversible. Las ramas de los pinos se agitaron lentamente bajo el viento. -Por eso –suspiró Winston– apoyar, preservar y patrocinar la prensa tradicional no es solamente una decisión comercial. Es una apuesta civilizatoria. Es apostar por la existencia de espacios creíbles capaces de defender la democracia cuando llegan las horas terribles. Porque el periódico, además de noticias, imprime estabilidad, confianza colectiva y esperanza democrática. Y siempre eso ha marcado la diferencia entre un país que cae al despeñadero y otro que logra salvarse a tiempo.

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