“CANCIÓN a las Madres Hondureñas”. (Daniel Laínez): “MADRES dulces…/ Madres buenas…/ Resignadas madres tristes/ que pasáis por este mundo/ con un llanto en las pupilas/ y una queja en la garganta./ Resignadas madres tristes…/ Resignadas madres buenas…/ Yo quisiera en este día/saludaros con un son desesperado/ de timbales wagnerianos…/ Con un himno portentoso:/ con un canto que resuene en los oídos/ como un son de martillazos,/ y despierte las dormidas fuentes puras/ del amor y el sentimiento/ en el pecho de los hijos y en la mente de los nietos…/ Madres dulces…/ Madres buenas…/
Mi canción es para todas…/ ¡Para todas es mi canto!/ Para aquéllas que en el seno de la alcoba delicada/ entre tenues sedas níveas y perfumes enervantes/ mecen tiernas la amplia cuna donde duerme el dulce infante…/ Hasta aquellas pobres madres que no tienen otra cuna/ que la cuna de sus brazos…/ Que es la cuna de los pobres…/ ¡La más tibia de las cunas!/ Mi canción es para todas…/ ¡Para todas es mi canto!/ Yo quisiera/ ir tejiendo con ensueños una alfombra…/
Una alfombra blanca y suave/ que reemplace los guijarros que han pisado vuestras plantas: Que olvidarais un momento…/un momento tan siquiera!/ esa muerte lenta y trágica que se llama Sacrificio,/y llenarais el ambiente de risadas…/ Y es por eso que este día/ -en los ricos pebeteros de mi espíritu-/ por vosotras he quemado el mago incienso de mis versos./ Mi canción es para todas…/ ¡Para todas es mi canto!/ Para aquellas sensitivas…/ Para aquellas madres trémulas/ que sollozan largamente….largamente….largamente…./ y que escrutan angustiadas la honda paz de los confines/ esperando al hijo ausente que se fuera una mañana,/ esperando al guerrillero que se fuera a la matanza/ y que no volverá nunca…nunca…¡nunca!/ porque el pobre cayó exánime -al saltar una trinchera-/ con el pecho atravesado de un audaz bayonetazo…/
Mi canción es para todas…/ ¡Para todas es mi canto!/ Para aquellas que se apiñan frente a frente a las prisiones/ donde el hijo sanguinario está purgando su condena…/ Para aquellas pobres madres que en los días de visita/ van llenando los recintos de los fríos hospitales…/ Y para estas otras madres,/ y para estas otras mártires/ que se ganan el sustento en el seno de las fábricas,/ y que comen su pan duro/ sin más sal de condimento que la sal que hay en sus lágrimas./ Madres:/ ¡Oh, esclavas!/ ¡Oh, nobles esclavas de mi tierra!/ ¡Yo os saludo!/ ¡Yo os saludo con el alma!/ Con el alma de mis versos./
Mi canción es para todas…./ ¡Para todas es mi canto!/ ¡Oh, amor divino y fuerte!/ ¡Resignado amor de madre!/ El amor de los amores que no espera recompensa,/ el amor que lo da todo y que nunca pide nada…/ Es la madre…/ Es la madre la que espera/ con los brazos siempre abiertos en el quicio de la puerta/ a que llegue el hijo pródigo/ para ungir sus pies llagados de doliente peregrino/ con el bálsamo piadoso/ de un consejo envuelto en lágrimas…/ Es la madre la que sufre, la que llora, la que reza,/ cuando el hijo cae, ciego, en las negras emboscadas de los vicios…../
Es la madre la más dulce compañera/ –al tratarla como amiga– /ella ríe si reímos…/ si lloramos…¡ella llora!/ Madres:/ ¡Oh, esclavas!/ ¡Oh, nobles esclavas de mi tierra!/ Yo quisiera en este día/ ir tejiendo con las rosas de este Mayo esplendoroso,/ una alfombra…./ una alfombra blanca y suave/ que reemplace los guijarros que han pisado vuestras plantas…/ Que olvidarais un momento…jun momento tan siquiera!/ esa muerte lenta y trágica que se llama Sacrificio,/ y llenarais el ambiente de risadas…/ dulces,/ francas,/ rumorosas,/ cristalinas…”
(Agradecemos –tercia el Sisimite– los acuses de recibo de muchos lectores del colectivo, quienes nos transmiten poesía de su predilección. Nos dicen que la lectura de los editoriales los ha motivado a refrescar la memoria con la poesía que recitaban allá en aquellos reposados tiempos que ya no volverán.
Quisiésemos publicarlos todos. -No estamos en mayo, –interviene Winston– sin embargo hemos querido rescatar de un “poemario” –muy pocos ejemplares– que encontramos en la biblioteca, con dedicatoria al escritor Oscar A. Flores Midence, esta joya de la literatura hondureña: el hermosísimo poema de Daniel Laínez. Y lo hacemos hoy, porque haciendo una busqueda en la Web, (los escasos recursos de que disponían no les permitía salvar del olvido su inspriada pluma en edición de libros, “poemarios” o antologías, apenas pudo publicar uno: “Voces Íntimas”), sin el insumo escrito, no encontramos registro digital alguno).


