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jueves, agosto 13, 2026

¿La estirpe?

UN amanecer diamantino desgarraba la bruma con dedos de oro y rosa sobre la hierba hirsuta. El Sisimite perezoso asomándose de su cueva ve llegar a Winston subiendo por la estrecha vereda montañosa. –Winston, desdoblando El País que llevaba acomodada entre las patitas: –Te traigo los apuntes de una parte de la conversación no publicada, ya que decidieron dar un receso a “la maleta”. Del colectivo indagaron sobre el destino de los personajes. Lampedusa demuestra que “cambiar para que nada cambie” no produce la conservación del viejo orden, sino su transformación y, en muchos aspectos, su decadencia. “Tancredi Falconeri es sobrino del príncipe Fabrizio Salina. Inteligente, encantador y extraordinariamente oportunista. Al comienzo se une a las tropas de Garibaldi; después sirve al rey Víctor Manuel II, ya que no lo mueve una fidelidad ideológica, sino la intuición de dónde estará el poder. Acuña la frase «Si queremos que todo siga como está, es necesario que todo cambie». Abandona a Concetta –que lo amaba sinceramente– y se casa con Angelica Sedàra, no necesariamente por amor sino por conveniencia. La deslumbrante muchacha hija del alcalde aporta una enorme fortuna y él, un noble apellido, el abolengo, el prestigio social”.

La liga simbólica entre la vieja nobleza y la nueva burguesía enriquecida”. Continúa ocupando posiciones importantes en la nueva Italia. Sin embargo, representa una aristocracia que ha sobrevivido al precio de renunciar a buena parte de su identidad”. “Su esposa posee una inteligencia utilitaria y logra con la unión matrimonial lo que durante siglos el dinero por sí solo no podía comprar, ingresar en la alta aristocracia. Ella simboliza el ascenso social de la nueva clase dirigente. Su riqueza abre puertas, pero no borra por completo sus humildes orígenes”. “Concetta Salina, quizás el personaje más trágico. Permanece soltera toda su vida dedicada al cuidado de la casa familiar. Ya anciana comprende que gran parte de su sufrimiento nació de un malentendido y de su propio orgullo. Con ella termina extinguiéndose la línea espiritual de los Salina”. “Don Calogero Sedàra es lo más representativo del arribismo. Empieza siendo alcalde de Donnafugata, sin ascendencia aristocrática. No posee, ni por asomo, el refinamiento del Príncipe; encarna la burguesía ascendente, que ha construido una enorme fortuna mediante negocios voraces, compra usurera de tierras, explotando las oportunidades abiertas por el nuevo régimen, calculando que en la nueva Italia el dinero vale más que los antiguos títulos nobiliarios. Todo ello mientras muchas familias nobles ven disminuir lentamente sus ingresos. El poder cambia de manos; más un cambio económico que poítico. Don Fabrizio Salina (el Gatopardo) vislumbra antes que nadie que su mundo termina. Rechaza incluso un nombramiento como senador. Muere con enorme serenidad, simbolizando la desaparición de toda una civilización. La familia conserva títulos, el palacio, recuerdos, prestigio histórico, pero al extinguirse la estirpe lentamente, pierda lo esencial, la influencia política.”

El gran Danés, Bendicò, –alter ego del Príncipe, la memoria, la fidelidad, la identidad, la confianza– resume toda la familia. Durante la vida del Príncipe, anda libre, espontaneo y lleno de vitalidad. Al ser embalsamado tras la muerte de don Fabrizio las polillas destruyen lentamente su cuerpo. Finalmente Concetta –no en un acto inhumano sino despojándose del pasado– ordena arrojarlo y “mientras cae parece recuperar fugazmente su antigua grandeza, pero inmediatamente queda reducido a polvo”. Es el simbolismo del fin de la casa Salina, la aristocracia siciliana y del mundo entero. La gran ironía de Lampedusa. El Gatopardo no es una novela que celebre el “gatopardismo”, sino más bien, una reflexión melancólica sobre su fracaso: el intento de salvar un orden mediante cambios aparentes y oportunistas no consigue preservarlo. –¿Alguna similitud con “la maleta” que con retoques cosméticos –no con cambios de actitudes chuecas, por conductas virtuosas como integridad, respeto a la ley, adecentamiento de la política— pretende un barniz a lo inevitable?– Winston se despidió; caía el atardecer con acentos de fuego, tiñendo el horizonte con pinceladas de grana y violeta, reverberando en la quietud de los charcos y los troncos nudosos.

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