“Y qué mala hierba –mensaje de la economista amiga– no se extingue, sino que derrumba sociedades; muy buen análisis”. La mamá de la nena de los cuentos citando al poeta de “Verdades Amargas”: “Hay rasgos de virtud en el malvado y hay rasgos de maldad en el virtuoso”. “No somos perfectos, solo hay un ser que lo es, el Creador del Universo”.
Otro amigo lector del colectivo: «‘La mala hierba’, es atribuible únicamente al ser humano, porque en sí, mala hierba producto de la naturaleza no existe”. La maleza le decimos también a la hierba que brota en los inviernos, pero no porque es mala, es un decir simplemente, toda la hierba es buena, brota con la suficiente agua, y hay una que es hasta bíblica: «la cizaña».
En los tiempos de siembra de granos básicos para nuestra alimentación, es un tipo de zacate difícil de perder, y donde había de esa maleza podemos decir que sí es una “maleza mala”. «La mala hierba está en nosotros, si somos maleza, aunque hay más buena hierba que ‘mala hierba’”.
“La parábola del trigo y la cizaña (o mala hierba) es una de las enseñanzas más profundas de Jesús sobre la naturaleza del bien y el mal en el mundo y su resolución final: La cizaña (en griego “zizánion”) era una maleza común en Palestina que se parecía mucho al trigo en sus primeras etapas de crecimiento, pero sus semillas eran tóxicas y podían causar náuseas, convulsiones o incluso la muerte si se consumían”.
“Esta similitud hacía que fuera difícil distinguirla del trigo hasta que ambas plantas maduraban”. “En la parábola, un enemigo siembra cizaña entre el trigo mientras los trabajadores duermen”. (Mateo 13:24-30, 36-43). (Jesús mismo interpreta la parábola: “El sembrador de la buena semilla es el Hijo del Hombre (Jesús).
El campo es el mundo. La buena semilla son los hijos del Reino (los que siguen a Dios). La cizaña son los hijos del maligno (los que siguen al diablo). El enemigo que siembra la cizaña es el diablo. La siega es el fin del mundo. Los segadores son los ángeles).
“El mensaje es que el bien y el mal coexisten en el mundo hasta el juicio final”. “Dios permite que ambos crezcan juntos para evitar dañar a los justos y dar tiempo al arrepentimiento”. La inquietud sería ¿por qué Dios permite que la “mala hierba” crezca? Sería porque arrancar la cizaña prematuramente podría dañar el trigo (los justos).
Paciencia y misericordia: “Dios da oportunidades para que los pecadores se arrepientan”. Juicio divino, no humano: “La separación final le corresponde a Dios, no a los humanos, para evitar injusticias”. Al final de los tiempos, los ángeles recogerán: La cizaña (hijos del maligno): Serán quemados en el fuego (símbolo del infierno), donde habrá “lloro y crujir de dientes”.
“El trigo (hijos del Reino): Brillarán en el Reino de Dios”. Aplicaciones prácticas para la vida cristiana: Tolerancia y paciencia: “Los creyentes deben convivir con el mal sin juzgar prematuramente, confiando en el juicio de Dios”.
Vigilancia espiritual: “El diablo siembra “cizaña” (falsas doctrinas, escándalos, pecado) para dañar la obra de Dios”. Certera esperanza: “Aunque el mal parece crecer, Dios tiene el control y llegará el día de la justicia final”.
(¿Por qué existe el mal –pregunta el Sisimite– si Dios es bueno? -La parábola – ilustra Winston– responde a esta pregunta antigua: “el mal no viene de Dios, sino del enemigo (el diablo) y la libertad humana”. “Dios lo permite temporalmente, pero lo erradicará para siempre en el juicio final”.
-¿Sabías –vuelve el Sisimite– que la cizaña (Lolium temulentum) era tan dañina que el Derecho Romano prohibía sembrarla en campos ajenos? -Bueno –suspira Winston– la parábola revela que la existencia del mal en el mundo es temporal y permitida por Dios para un propósito mayor.
La paciencia de Dios es una oportunidad para el arrepentimiento, pero su justicia final será inevitable. Los creyentes son llamados a confiar en la soberanía de Dios y a vivir en esperanza de la redención final).


