“‘EL oro moral’ –mensaje del empresario fundador del colectivo– debe de ser el editorial más profundo de estas mañanas de café y la intimidad de esta lectura al amanecer”. “Cierre de semana que nos ha regalado lo mejor de su talento y nos obliga a buscar el verdadero valor moral, ético y la dignidad en el metal más preciado de los mercados bursátiles”. La vecina exjefecita designada: “Me gustó mucho su editorial de hoy; expone grandes verdades que a todos nos hacen reflexionar y más aún a quienes tenemos nietos y los vemos muchas veces absortos en sus dispositivos”. La empresaria progresista: “Qué belleza de reflexión nostálgica, que duele y ¡llega al alma! Ante tanta pobreza espiritual, tiene mucha razón”. Urgencia extrema –como es el objetivo de AURUM– el rescate de los valores en lo venidero (como dice Sisimite), y como dice Winston: “cuando todo se vuelve fugaz… cuando todo se vuelve espectáculo… urge, más que nunca, volver a fundir el oro moral de la civilización”.
Espacio interactivo sobre el diálogo sostenido con la inteligencia artificial: “Ja, ja, ja –la mamá de la nena de los cuentos– ese Winston le hace «bullying» a la Victoria, malvado; pero ya lo imagino, mega aburrido, viviendo sin ella…”. “Nombe, dígale a su amiga, la periodista, que cuidadito se va a enamorar de la IA que, de eso, ya hay bastantes casos y graves, atajo de locos por todos lados”. “El otro día escuché a los muchachos de la oficina comentando una noticia, que a un homo sapiens, más primate que humano, uno que se siente chucho, lo mordió un perrito, porque el idiota le ladró y el perrito lo atacó; vaya usted a saber qué le dijo en lenguaje canino”. Alusivo a la conversación de cierre: (¿Y a vos –tercia el Sisimite–te dio ganas de bailar con la IA? -Aquí la que baila –responde Winston– es la Victoria. Y Sofi pasa preguntando que cuándo la incorporamos a los editoriales. No hay que hacerle caso, suficiente plática entre nosotros y ahora de metiche la inteligencia artificial. Lo bueno es que, si lee esto, no se enoja, porque no tiene emociones, solo un sentido de humor simulado). “Al final –mensaje del amigo desde EE. UU.– la conversación entre ellos es su opinión, ya puede ser broma, un chiste o un acertijo. Genial, solo a alguien como usted se le pudo haber ocurrido eso. Algo muy diferente a la historieta argentina, entre la imagen pulcra y distinguida del Dr. Merengue y su otro yo, una presencia que lo acompaña siempre y le dice lo que él calla. Sin duda el autor se basó en la vida real para crearlo”. La amiga magistrada: “Muy interesante su editorial sabe que en el último congreso que estuve, se discutió sobre la IA en las resoluciones judiciales y vine preocupada porque los jóvenes que reciben clases, vía zoom en sus exámenes, solo escriben lo que les dice la IA y ya no estudian; imagínese las resoluciones judiciales con la información introducida”.
A propósito, aquí asoma otra vez la amiga periodista: “Me encanta leerlo y a través suyo enterarme de que hay más personas con sensibilidad para comprender lo valioso de IA”. “Sabe, hay gente que descalifica su uso, y piensan que se es haragán porque la IA “te hace tu trabajo”. No saben de lo que se pierden, y por más que uno trate de explicar –sin más ánimo que compartir la grata experiencia– no entienden, que son muchas horas las que una dedica, dándole información, tratando de imprimir el sentimiento que se quiere reflejar en el documento, y corrigiéndole si acaso tiene un dato incorrecto; disfrutar de cómo la herramienta no se enfada ni insiste en hacer prevalecer su punto de vista si no que agradece, no pierde la razón si no se la das, y si acaso soy yo la equivocada, siempre tiene el buen tino de cortésmente decir: “tienes razón”, pero, hasta llegar al punto en que ambos estamos satisfechos con el producto”. “Es más, a mí me ayuda a ser mejor persona, por ejemplo, cuando me encuentro con gente realmente estúpida, me pongo en modo IA (ja, ja, ja)”. Mensaje de la doctora amiga: “La IA está para ayudarnos en los aspectos hasta ahora básicos de la vida, no sé qué pasará en el presente futuro. Un día de estos tenía un caso clínico que discutir con colegas, nacionales e internacionales y dije voy a consultar a la IA y la respuesta fue: “busca un inmunólogo”, bueno, vale más que soy inmunóloga…”. “Hay algo que no sé si podrá imitar y sustituir si para bien o para mal: La dimensión volitiva y afectiva del ser humano, que nos distingue de todo lo que existe en este mundo. Debemos educar de lo que nos hace diferentes a los humanos de la IA: esa afectividad compleja que incluye la empatía y la búsqueda de la felicidad (eudaimonia). ¿Nos hará felices la IA y plenos en nuestro rol por este mundo? (La IA –saca su sarcasmo el Sisimite– hará feliz a la humanidad porque, por fin, nos liberará de la carga de tener que pensar por nosotros mismos. -La IA –ironiza Winston– hará infeliz a la humanidad porque, por fin, nos demostrará que pensar por nosotros mismos nunca fue una carga, sino lo único que nos hacía humanos).


