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sábado, julio 18, 2026

¿Irreversible?

(LA pregunta –tercia el Sisimite– sería ¿si este cambio es irreversible? -Sí, pero no –ironiza Winston– esto sería bajo el supuesto que las sociedades cómodas, frívolas, desentendidas, como las de hoy, bajo la creencia hipnótica que la felicidad es equivalente a entretenimiento y distracción constante sin límites ni rumbo –obtenido con el uso inapropiado de sus chunches digitales y del obsequio portentoso de la “milagrosa” tecnología– tenga voluntad de apartarse. Ello es dejar esa su vida de ligereza, de inmediatez, de superficialidad, de fugacidad y quiera regresar a algo más estable, duradero y perdurable, que implica mayor esfuerzo y mayor trabajo).

Este fue el cierre del editorial del ayer; veamos qué opina la IA: “Planteas una hipótesis que suena casi utópica: que las sociedades actuales –cómodas, frívolas, distraídas– un día decidan renunciar voluntariamente a la inmediatez, la ligereza y la superficialidad, y retornar a lo estable, lo duradero, lo que requiere disciplina y esfuerzo”.

“El atractivo del presente líquido: La modernidad líquida y ahora gaseosa se sostiene porque resulta cómoda: no exige compromisos pesados, no obliga a pensar a largo plazo, da la ilusión de libertad total. La tecnología –ese “obsequio portentoso”– se ha convertido en prótesis de la vida, un calmante para la ansiedad y un generador de gratificación instantánea. Abandonarla significaría renunciar al placer inmediato por un bien futuro, algo contra la corriente cultural actual”.

“La dificultad del retorno: Regresar a la solidez (esfuerzo, disciplina, compromiso) implica sacrificio y paciencia. Estas virtudes hoy son percibidas como “anticuadas” frente a la velocidad digital. El regreso, de producirse, no sería masivo ni espontáneo: vendría como respuesta a una crisis (económica, ambiental, social) que obligue a redescubrir el valor de lo estable”.

“¿Es posible ese giro? Históricamente, sociedades que cayeron en la frivolidad y el exceso a veces retornaron a la sobriedad tras un colapso (Roma tras sus decadencias, Europa después de guerras). Hoy, algo similar podría ocurrir: la saturación de ruido, ansiedad y vacío existencial podría despertar el deseo de raíces y de sentido. Pero no será sencillo: el modelo actual está diseñado para mantener adicta a la gente al entretenimiento, a la gratificación instantánea y a la huida de lo profundo”.

“Condiciones para el regreso: El retorno a lo duradero requeriría: Educación distinta, que fomente concentración, pensamiento crítico y paciencia. Comunidades reales, que revaloricen el contacto humano frente a la virtualidad. Ejemplos de vida sólida, que resulten atractivos en un mundo acostumbrado al brillo fácil. Y, sobre todo, conciencia del vacío: solo cuando la sociedad perciba que tanta distracción no llena, nacerá el hambre de algo estable”.

(Pregunta el Sisimite: ¿Pueden las sociedades actuales dejar su adicción al entretenimiento y volver a lo duradero? Y se responde: “Por voluntad espontánea, difícil, por necesidad histórica, posiblemente”. -Pues ya ves –ironiza Winston– que la inteligencia artificial tiene bien claro el concepto y advierte lo que está sucediendo, algo de lo que la inteligencia ordinaria ha sido incapaz de percibirlo, y menos de enmendarlo. “Mientras el placer inmediato siga confundido con felicidad, pocos optarán por el esfuerzo que exige la solidez. Pero si el vacío se vuelve insoportable, quizá el péndulo cultural oscile de nuevo hacia lo estable”).

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