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sábado, julio 18, 2026

Geopolítica espacial

Por Mirna Isabel Rivera

Las expediciones al espacio siempre me han causado curiosidad, admiración, pero ahora también temor ante la incertidumbre de lo que vendrá. Se habla científicamente de que es posible tener una base en la Luna desde donde se puedan realizar expediciones al planeta rojo, Marte. Esto parece ciencia ficción, pero la tecnología ha avanzado y cada vez parece que estamos más cerca de que este sueño se convierta en algo concreto.

No es desconocido que la carrera por la conquista del espacio siempre ha sido muy reñida por las principales potencias. En su momento, cuando existía la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS), ese era el principal país con el que competían los Estados Unidos.

La realidad siempre supera la ficción de alguna manera. Actualmente, la carrera espacial sigue siendo competitiva, pero ahora con China, ese país asiático gigante tanto en población como en producción mundial. Mucho de lo que consumimos hoy es fabricado en China (“made in China”). China es una potencia comercial que lucha por el liderazgo a nivel mundial, principalmente a través del comercio, aunque también está preparada en el ámbito armamentista.

Este nuevo competidor en el viaje al espacio es ahora el contendiente a vencer por parte de Estados Unidos, porque perder la carrera espacial implica perder poderío. En medio de todo esto, surge una pregunta clave: ¿qué gana el resto de los países? Aquellos que no estamos dentro de las potencias mundiales, ¿cómo nos beneficiamos? Como humanidad, en épocas anteriores, la carrera espacial generó múltiples innovaciones.

De alguna manera, esto ha cambiado. En Estados Unidos, son compañías privadas las que lideran este proceso, muchas de ellas dirigidas por empresarios como Elon Musk y Jeff Bezos, ampliamente conocidos por sus innovaciones y por ser billonarios.

En China, en cambio, el sistema es comunista. Aunque existen alianzas con el sector privado, el Estado mantiene el control y busca que las innovaciones generen bienestar para su población.

Son dos visiones diferentes: China con un sistema comunista hacia lo interno, pero abierto al capitalismo, sin dejar de ejercer control sobre las empresas; y Estados Unidos con una economía abierta, cada vez más neoliberal, con una población multiétnica y con un fuerte problema migratorio. Esto hace que los panoramas sean totalmente distintos.

Nuestros ojos, desde Occidente, desde Centroamérica y desde Honduras, están casi siempre puestos en Estados Unidos, país potencia que lidera muchos aspectos de la vida en los países en desarrollo. Sin embargo, no debemos perder de vista lo que está haciendo China.

Las principales universidades que aparecen en los rankings más reconocidos, con gran reputación académica, ahora son chinas. Ya no son únicamente norteamericanas. Las europeas, quedan rezagadas. Esto no significa que sean de menor calidad, pero sí evidencia la enorme apuesta que países como China están haciendo por la educación superior.

Aunque me fascina la ciencia ficción y tiendo a imaginar escenarios utópicos sobre la conquista del espacio, sabemos que existe una realidad histórica que no podemos ignorar. El ser humano ha demostrado tener avaricia y actuar muchas veces sin buscar el bien común. Entonces surge otra pregunta: ¿qué se persigue realmente? ¿Cuál es el fin de conquistar la Luna, de tener satélites, de buscar Marte?

Existen teorías que señalan que potencias como Estados Unidos y China buscan en el espacio lo mismo que buscan en la Tierra: recursos estratégicos, como tierras raras y otros elementos que les permitan mantenerse como líderes y pioneros. De ser así, regiones en desarrollo como Centroamérica podrían quedar nuevamente al margen de estos beneficios.

La carrera espacial, nos pone ante un nuevo escenario que nos llama a reflexionar: ¿Cómo se repartirá el poder más allá del planeta Tierra?

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