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sábado, julio 18, 2026

¿Frutecida?

“DOY fe –mensaje de la jurista magistrada– de la acallada personalidad de don Emín Barjum. Y si me lo pregunta, me hubiese gustado que él supiera que la que hoy ejerce de magistrada, por voluntad divina, es la misma persona que llegó un diciembre de 1979 al almacén Au Bon Marché en búsqueda de trabajo vacacional para el mes de diciembre. A partir de ese año, cada diciembre iba a trabajar como dependienta en búsqueda de agenciarme recursos para comprar mis estrenos navideños. Aún recuerdo la acallada personalidad, silenciosa, tranquila y respetuosa que don Emín tenía”.

“Mi abrazo solidario para usted y la familia por el adelantamiento a lo ignoto de don Emín; alma buena que sin duda alguna está con Dios”. “De nuestra parte –mensaje de la esposa de un popular alcalde– les enviamos el más sentido pésame”.

“Yo le estoy agradecida a don Emín; él era presidente del Banco Central de Honduras, y por autorización suya, me dieron el nombramiento en el banco, y ahora ya estoy jubilada. Oraré por su familia para que les dé paz y consuelo en estos momentos de tristeza y dolor”.

De la amiga no madrugadora: “Callada dignidad”. “Aquí está retratado Emín”. “No soy llorona, pero al ir leyendo el editorial se me fueron rodando las lágrimas al recordar esa Tegucigalpa donde los valores y principios eran parte de ella”.

“Ya Emín está descansando en una merecida paz”. Un paisano empresario amigo: “Qué bonita reverencia presidente, a quien fue un gran hombre y que nos deja un enorme legado de bien y muestras de cómo verdaderamente se hace patria. En paz descanse tío Emín”.

Una de sus sobrinas: “Qué belleza de editorial. Un gran homenaje a la gran vida y memoria de tío Emín. Hermosísimo, me encantó el estilo bien descriptivo hablando de sus grandes cualidades y de sus huellas al andar. Él me contó que estudió en USA y que inició una empresa desde un área de la casa de tío Salomón, o sea un gran emprendedor.

A mí también me mandaba LA TRIBUNA, más un versículo de la Biblia todos los días, por WhatsApp. Cuando dejó de enviármelos, me quedé pensando, ¿qué pasará; me estará olvidando? Pero no quise molestarlo”. “No imaginé que tío Emín estaba tan mal de salud por su pobre corazón”. Un cercano pariente:

“Qué bonito homenaje le hiciste a Emín en tu editorial del día de hoy. Él era tío tuyo como también mío, por el lado de la abuela María”. “Recordar a Emín es extrañar la pérdida de su entrañable amor por Honduras”.

“Se va con él una gran parte de la reserva moral de nuestro país”. “Dios lo tenga a su lado y con su esposa Renee, gocen de la bienaventuranza eterna. Lo extrañaremos mucho”. La expresidenta del BANTRAL que lo sustituyó por padrinazgo suyo: “El editorial que escribió sobre Emín refleja en toda su dimensión la personalidad de ese gran ser humano. ¡Honrar honra!”.

“Siempre tres tazas de café –mensaje del amigo del Think-tank– (una para un mutuo amigo, una para él y una para mí) muchas galletitas y el retrato de su padre en la sala”. “Un cerebro privilegiado, maravillosas conversaciones, transmisión de conocimiento, muestra de manuscritos que transformarían el país y claro, su puro, acompañado de una anécdota mientras lo disfrutaba. Un hombre sin tacha.

Don Emín”. El expresidente del BCIE: “Un hombre realmente al servicio del país, nos hará mucha falta don Emín; y qué bonitos mensajes, presidente”. (Te cuento –entra el Sisimite– sobre el mensaje de voz que mandó la niña de los cuentos: “Hola inge… qué es “frutecida”, es que en el carro no ando diccionario para saber y Google sabe”. -La palabra “frutecida” –explica Winston que mandó mensaje a la nena– usada en el editorial: “la vida frutecida de Emín”, significa que “da frutos”.

Y la nena manda otro mensaje de voz: “Ay no… no hay que complicarse la vida, esa palabra “frutecida”, nunca la había escuchado; es más fácil poner ‘que dio frutos’”. “Pero gracias por enseñarme una nueva palabra”. -Luego la mamá — vuelve el Sisimite– manda un mensaje de voz: “Buenos días, me da una risa porque no sabía que venía leyendo el editorial y me pregunta ¿qué significa esa palabra? Le digo ya quedamos que cuando uno no entiende una palabra la busca en el diccionario, porque si le digo se le va a olvidar y si la busca se le va a quedar. Y me dice que no tiene diccionario. Entonces le digo: pregúntele a Google”.

“Y después la escucho que me pidió el celular para mandarle los mensajes… qué divertido… ay que niña, pero ella buscó la forma de entender la palabra, y aprendió algo nuevo”. -La moraleja –suspira Winston– es que una niña a su temprana edad, mientras la llevan en carro a la escuela va leyendo el editorial, en cambio los adultos “analfabestias” del siglo XXI, (que sabiendo leer y escribir nada leen y nada de ver escriben), aun con la lectura en el pico, que reciben por su WhatsApp, ni eso leen. ¿Y todavía se asustan del porqué de la vergonzosa ignorancia de esta sociedad líquida y superficial, adicta a esos chunches digitales?).

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