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miércoles, abril 17, 2024

Experimentos genéticos, un desafío ético y DDHH en Honduras

Importantes organizaciones científicas hondureñas han encendido las alarmas y han solicitado a las autoridades de salud, e incluso a la presidente de la república, que detengan los experimentos genéticos que se están llevando a cabo en Roatán, específicamente en la Zona de Empleo y Desarrollo Económico (Zede) de Próspera en las Islas de la Bahía.

El problema radica en la realización de esta prácticaspodrían estar perjudicando a los hondureños. Según destaca un comunicado, el propósito es combatir enfermedades relacionadas con el cáncer, neurológicas, entre otras. La denuncia señala que los experimentos se realizan en Honduras para luego beneficiar a empresas extranjeras, ya que los países desarrollados como los Estados Unidos no permiten prácticas que violen la bioética en su territorio.

Como ciudadanos hondureños, hemos visto numerosos atropellos a los derechos humanos, sin embargo, ahora nos enfrentamos a una nueva amenaza que pone en riesgo la salud y seguridad de miles de personas, quienes podrían ser utilizadas como “conejillos de indias”. A veces uno cree haber visto de todo, pero esta situación evidencia el peligro que enfrentan muchos hondureños de bajos ingresos que podrían ser objeto de prácticas poco éticas por parte de organizaciones internacionales que operan en nuestro país y se aprovechan de la necesidad de la gente.

La historia nos ha enseñado que las pruebas en seres humanos han sido llevadas a cabo en momentos oscuros y violatorios de los derechos humanos. Un ejemplo emblemático de estas atrocidades se remonta a la Segunda Guerra Mundial, donde los campos de concentración se convirtieron en laboratorios de experimentación humana. Personajes infames como Josef Mengele, conocido como “El Ángel de la Muerte”, simbolizan el horror y la falta de ética que caracterizaron estos eventos.

De manera más reciente, Guatemala fue testigo de otro escenario espeluznante, donde un centro psiquiátrico fue utilizado por intereses extranjeros para realizar pruebas médicas en seres humanos. Según reportó la BBC en 2010, Hillary Clinton, en ese momento secretaria de Estado de los Estados Unidos, y la secretaria de Salud, Kathleen Sebelius, manifestaron: “Lamentamos profundamente que haya sucedido, y pedimos disculpas a todas las personas que se vieron afectadas por esas prácticas odiosas de la investigación”.

Al parecer, la historia podría volver a repetirse en Honduras, según la denuncia, “la realización no supervisada de experimentos genéticos podría dañar a los residentes locales, quienes participarían por compensación económica. Sin embargo, al no ser seguros, no se descarta que más adelante les genere efectos adversos para la salud”. Hay procedimientos por la FDA (Food and Drug Administration, por sus siglas en inglés) que determinan cómo deben hacerse esos ensayos y deben estar supervisados por comités de bioética de los Estados Unidos y, en este caso, de Honduras.

La bioética debe ser una guía en este oscuro panorama, estableciendo principios irrenunciables que buscan salvaguardar la dignidad y los derechos fundamentales de todo individuo en el contexto de la investigación científica y médica.

El peligro de permitir que estas prácticas continúen es inmenso y las consecuencias a mediano y largo plazo pueden ser perjudiciales. Por ello, es necesario que la opinión pública esté informada y alerta para evitar caer en engaños, el respeto de la ética en la investigación es parte de la protección que se le debe brindar a las personas. En este sentido, debemos reconocer que la comunidad científica ha alzado su voz a través de comunicados, pero no depende de ellos solamente, se requiere que las autoridades se involucren.

Aunque existen campañas que buscan defender proyectos como estos, es esencial abordar con la

máxima seriedad y rigor cualquier denuncia realizada por profesionales de la medicina. Hay que actuar ahora, luego podría ser muy tarde.

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