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sábado, julio 18, 2026

Estado de bienestar y guerra

Por: Mirna Isabel Rivera

En nuestro planeta son pocos los países que han construido un estado de bienestar garantizando una vida digna para todos sus ciudadanos, sin caer en la demagogia y el populismo, más bien encontrando el balance al combinar la democracia, el bienestar social y el capitalismo como lo señaló el sociólogo de origen británico Thomas H. Marshal, quien enfatizó en el otorgamiento de derechos sociales. Algunos analistas geopolíticos reconocidos como el profesor de origen chino Jiang Xueqin creen que nos acercamos a una tercera guerra mundial y que el detonante será una gran hambruna global. Él hace estas predicciones básandose en teorías de juegos y patrones históricos. Las confrontaciones sociales, económicas y políticas recuerdan a los entendidos en historia los orígenes de la Segunda Guerra Mundial que inició en 1939 y finalizó en 1945, en esta época millones de personas vivían en la miseria y el desempleo alcazó cifras altísimas en los países industrializados. Parece que los gobernantes y su séquito de colaboradores poco han aprendido de la historia contemporánea. Aunque el Estado de bienestar ha funcionado en los países que le dieron origen, particularmente en Alemania y posteriormente en gran parte de Europa Occidental, hoy parece enfrentar muchas dificultades para mantenerse sostenible. El envejecimiento poblacional, las olas migratorias que se aprovechan del sistema, el endeudamiento público, la falta de empleos y los nuevos desafíos tecnológicos parecen pasar factura a un modelo que por más de seis décadas logró la estabilidad social. Sumado a esto, la reconfiguración de un nuevo orden mundial. Por décadas la relación entre los Estados Unidos y Europa fue muy cercana, pero ahora en este reacomodamiento mundial, los Estados Unidos parece apostar por estrechar lazos comerciales con China, convertida en una superpotencia. El escenario mundial parece tener impacto adverso en el sostenimiento de su modelo de bienestar. Los europeos han demostrado a lo largo de su historia que son capaces de reconstruirse, resugir de las cenizas, pero la amenaza de una tercera guerra mundial probablemente aniquilaría la estabilidad geopolítica y la sostenibilidad del Estado de bienestar. Este tipo de amenazas globales, observadas desde Honduras, un país frágil por sus altos niveles de corrupción e impunidad, sufrirían las peores consecuencias. Nunca consolidó un Estado de bienestar, por eso la gente emigra-ricos y pobres-buscando países como los Estados Unidos y España principalmente. Con una clase política marcada por escándalos de clientelismo, nepotismo, vínculos con el narcotráfico y una profunda debilidad institucional, pareciera que quienes llegan al poder tienen como único punto en su agenda destruir el sistema democrático. En un escenario de crisis mundial, Honduras se encuentra entre los países más vulnerables debido a la fragilidad de sus instituciones y a la limitada capacidad del Estado para responder a grandes crisis sociales y económicas. Ningún sistema es para siempre, por muy exitoso que este sea, necesita cambiar o transformarse para no perecer. El Estado de bienestar ha cumplido una importante función social y económica, pero ahora su sostenbilidad está en peligro. Mientras estas grandes potencias buscan no colapsar, el futuro es incierto en países como Honduras, donde sus élites políticas y empresariales priorizan sus intereses particulares aunque cada día hundan más al país y ellos se hagan más ricos. El costo de abandonar a las grandes mayorías y dejarlas sumidas en la miseria es bastante alto y al final las consecuencias también les afectarán grandamente a los grupos de poder que se creen intocables.

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