Por Mirna Isabel Rivera

Más allá de la estética de la ciudad de San Pedro Sula, existen problemas estructurales en la recolección y tratamiento de los desechos sólidos. Este análisis inicia con lo que corresponde a la responsabilidad individual y la falta de educación ambiental.
Es bastante frecuente ver a las personas tirar basura en la calle. Van comiendo o tomando algo y al no encontrar un depósito cercano, lo arrojan en la vía pública, sin cargo de conciencia, sin pena y sin temor a ser sancionados.
Lo curioso es que ese mismo ciudadano, cuando viaja a países con normas más estrictas, sí respeta las reglas por temor a las sanciones económicas. En otras palabras, sus actos irresponsables solo se corrigen cuando existen consecuencias.
En nuestra ciudad, cuando crecí, había menos población (350 mil habitantes aproximadamente, actualmente casi un millón). La recolección era realizada directamente por camiones de la comuna sampedrana. A medida que la población aumentó y la ciudad se expandió, se optó por delegar este servicio a una empresa externa.
Lamentablemente, como ocurre con frecuencia en Honduras — un país con debilidades en transparencia y rendición de cuentas— el problema se ha agravado bajo este esquema de concesión, donde tampoco se perciben consecuencias claras ante un mal servicio.
Esta misma lógica se refleja tanto en el comportamiento individual como en la gestión empresarial: no hay responsabilidad ni consecuencias. Es preocupante estos problemas heredados de administraciones municipales anteriores, lo que hace aún más compleja su solución.
El problema de los desechos sólidos es evidente, la basura no se puede esconder, la vemos y olemos en calles, avenidas, colonias, barrios y residenciales cada día. Es un recordatorio constante de la urgencia de organizar la ciudad con responsabilidad y compromiso, tanto municipal como ciudadano. Además, plantea la necesidad de revisar y reevaluar el actual contrato de recolección en beneficio de la ciudad.
Para muchos tomadores de decisión, la educación ambiental no es prioritaria y suele considerarse un tema meramente retórico. Sin embargo, nada está más alejado de la realidad. La educación formal juega un papel fundamental: desde la escuela hasta la universidad se deben enseñar buenas prácticas basadas en fundamentos científicos, explicando por qué se deben separar los residuos y los riesgos que estos representan para la salud y los acuíferos.
San Pedro Sula no cuenta actualmente con un sistema plenamente funcional de relleno sanitario, sino con una combinación de infraestructura incompleta y prácticas propias de un botadero a cielo abierto, sumado al drama humano que se vive ahí.
Es responsabilidad de la municipalidad establecer rutas y horarios fijos, así como garantizar que los camiones recolectores —sean privados o municipales— operen de manera eficiente. Asimismo, es urgente sustituir los botaderos a cielo abierto por rellenos sanitarios técnicamente controlados, con sistemas de impermeabilización y tratamiento de lixiviados.
El problema de los desechos sólidos tiene múltiples dimensiones, pero la más grave es la contaminación ambiental, que pone en riesgo la calidad del agua que consumimos. La parte estética de la ciudad es apenas la punta del iceberg; en el fondo, la basura refleja las fallas de un sistema que requiere soluciones sostenibles.



