EN uno de los editoriales de la serie espiritual, con motivo de la Semana Santa, que hoy concluimos –Winston con asistencia de los textos de consulta– dio al colectivo un repaso sobre lo que versó el primer concilio ecuménico de Nicea (325 d.C.), convocado por Constantino. No para decidir los libros incluidos en la Biblia, –ya que el canon en gran medida estaba formado antes de Nicea, en el siglo II, Ireneo de Lyon (c. 180 d.C., 100 años antes de Constantino), afirmaba que había cuatro evangelios y no más, y fue consolidándose gradualmente, no en una sola reunión, dada la importancia de la lista de Atanasio de Alejandría en el año 367, que menciona los 27 libros actuales del Nuevo Testamento– sino para debatir sobre la naturaleza de Jesucristo a partir de la controversia arriana, y la formulación del Credo, que finalmente fue resuelta en el Concilio de Constantinopla (381 d.C.), reafirmando el credo niceno, aunque técnicamente es una versión ampliada y revisada del credo original.
(Sobre el Padre Nuestro, en el editorial de ayer –tercia el Sisimite– “no es un cambio dogmático, la Iglesia no modificó el texto sagrado”. “Simplemente actualizó la traducción litúrgica al español para que fuera más fiel al significado original (la petición de perdón de los pecados) y más comprensible para los fieles de hoy”. En latín, la Iglesia sigue rezando “debita/ debitoribus”. En griego, el original de Mateo sigue siendo “opheilemata/opheiletais”. En español, se optó por “ofensas/ofenden” porque transmite mejor la idea de una falta moral que hay que perdonar. -Y vos –interviene Winston– que anduviste curioseando por tantos lugares santos a lo largo de los siglos ¿qué sabés sobre si la versión «deudas/deudores» –en español– sigue usándose? -Sí, –confirma el Sisimite– “pero sobre todo en ámbitos protestantes evangélicos (muchas iglesias hispanas la conservan por fidelidad literal a Mateo)”. “En oraciones personales o familiares que mantienen la tradición antigua. Y en algunas regiones donde la costumbre oral la preservó, aunque la liturgia oficial use la nueva”. “En la misa católica actual en español, la versión obligatoria es la de “ofensas/ofenden”. El cambio se hizo para que la oración sea más clara, no para cambiar su sentido profundo”. -Bueno –mueve las orejitas Winston– lo que sucede es que aquel que dijimos creció rezando “deudas/deudores”, desde que la misas eran oficiadas por los curas en latín, incluso en la Catedral. Andá pregunta al Vaticano si eso es permitido. -A los días – responde el Sisimite– les mandé un telegrama y contestaron que no se preocupe, “ambas formas son válidas en la piedad privada”. “Pero en la liturgia oficial de la Iglesia católica en español, desde hace más de 50 años se reza con «ofensas». -¿Y si en misa –insiste Winston– recita lo que aprendió cuando niño? –Aquí mandan otro telegrama –le muestra el Sisimite a Winston– “En estricto sentido litúrgico, no debería hacerlo. Cuando se reza el Padre Nuestro en comunidad durante la misa, todos los fieles están llamados a usar el texto oficial aprobado por la Iglesia. Cambiarlo voluntariamente rompe la comunión y la unidad de la asamblea”).
(“Sin embargo, –prosigue el Sisimite leyendo el telegrama– “es entendible que para muchas personas la versión antigua está muy arraigada en su corazón y en su memoria”. “Si alguien, por costumbre o distracción, dijera en voz baja «deudas» en lugar de «ofensas», no sería un pecado ni invalidaría la oración”. “Pero no es lo correcto, y se espera que los fieles se adapten al texto litúrgico”. -Voy a comunicar allá a mi casa –suspira Winston– pero ya te dije que yo prefiero a Mateo que son las deudas que quiero que me perdonen, no las ofensas. Está claro que cuando se reza el rosario solo o en familia, cuando se reza antes de dormir, en grupos de oración no litúrgicos, etc., ahí puede usarse la versión que prefiera. Pero, quien sabe si vaya a cambiar lo que aprendió, y va a decir que como reza en voz baja, allá de vez en cuando, que se le ocurre ir a misa, no es para que lo oiga la congregación, basta con que Dios lo escuche)


