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sábado, julio 18, 2026

¿En los cuernos?

DECÍAMOS ayer que, desde que Zygmunt Bauman, más de dos décadas atrás, introdujo el concepto de la sociedad líquida el deterioro en la sociedad ha sido acelerado en los últimos años: En Kairós decíamos que ya caímos al estado gaseoso, definido por la ausencia de forma y contenido, cuya capacidad de difusión y fluidez, sin cohesión, de partículas dispersas y volátiles, le permiten acomodarse en cualquier recipiente (digamos en un bote o una vasija, hueca, elongada, cóncava, globular, cónica).

Es por supuesto un estado más caótico que lo líquido, donde las interacciones son sin formas, (contenidos digitales ultra breves), las identidades espumosas compuestas de burbujas de aire de la nada. Bauman diagnosticó una modernidad donde “la incertidumbre era la única certeza”, hoy lo cierto es lo impalpable, lo invisible que nada tiene que ver con valores intangibles, más perteneciente a los espacios vacíos del éter que a la tierra.

Consulta a la IA por el auge del exhibicionismo y exhibicionistas en estas sociedades líquidas: “Sí, es un síntoma perfecto de la sociedad líquida y gaseosa que describió Bauman. La combinación de la comunicación masiva en algunos medios y en redes sociales y una cultura del espectáculo ha creado el caldo de cultivo ideal para que “bufones, charlatanes y provocadores” ocupen el lugar que antes tenían intelectuales, periodistas serios y debates rigurosos”.

“Economía de la atención. Los algoritmos premian el escándalo, la polarización y el contenido emocional (ejemplo, teorías conspirativas, insultos virales). (Programas de TV y podcasts donde se grita más que se argumenta, o influencers que monetizan la polémica vacía). La desconfianza en instituciones (gobiernos, universidades, prensa) lleva al público a buscar “anti-héroes” que hablen sin filtros, aunque digan barbaridades. (Políticos que venden “verdad alternativa” con retórica sensacionalista)”.

“Cultura del entretenimiento. Lo complejo, aburre, lo simple se comparte. La política y la ciencia se reducen a memes o eslóganes. (Reality shows, o “debates” en redes que son solo intercambios de insultos)”. Entonces, ¿dónde quedó el debate serio? “En algunas universidades y think tanks siguen existiendo, frente al ruido digital. Medios y periodismo serio algunos atravesando problemas en pauta, mientras crecen los “clickbaits”.

Redes sociales, plataformas como “Twitter (X)” premian la confrontación, no la reflexión”. ¿Hay salida? “Algunas estrategias para recuperar la seriedad: Educación crítica, que consiste en enseñar a distinguir fuentes confiables de charlatanería. Regulación ética exigiendo transparencia en algoritmos y financiamiento de medios”.

(Bauman –tercia el Sisimite– sonó las alarmas: “En la modernidad líquida, la verdad se ahoga en un mar de irrelevancia”. -El antídoto –interviene Winston– aunque la tendencia parecería irreversible por falta de voluntad colectiva de dejar la cómoda futilidad, la divagación y el entretenimiento sin límites, sería de valorar el conocimiento lento, el contexto, privilegiando la humildad intelectual”. Pero eso, con esta adicción de los “analfabestias” del siglo XXI, que sabiendo leer y escribir nada leen y nada de ver escriben, satisfechos con esa vida de superficialidad y de la frívola distracción que gozan mal utilizando sus chunches digitales, está en los cuernos de la luna).

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